Colls (Huesca)


En las alturas del valle del Noguera Ribagorzana en su margen derecha se asienta sobre un cerro el despoblado de Colls.
Alrededor de una decena de casas dieron vida a esta población ya derrotada y vencida al paso del tiempo y los años de abandono.


Montirroy
Els Solans
Obac de Colls
La Esplluga
Las Viñas
El Confos
La Colomina
Sarmente
Fenes
El Plla
Los Esmolas
El Sola
Toda
Los Moralets de Castell
Esplluga de Cot
La Buiga dels Alls
Los Barrancs
Sellarroya
El Cogulat
Guisom

**Son algunos topónimos de lugares comunes de Colls que quedaran para siempre en el recuerdo de las gentes que habitaron el pueblo**



No conocieron nunca la luz eléctrica. Los candiles de carburo y de aceite fueron sus fuentes de iluminación. Utilizaban la linterna de aceite para ir a la cuadra y a los corrales.
Para consumo de agua tenían una fuente a dos minutos del pueblo. Allí había dos balsas que utilizaban las mujeres para lavar la ropa y servían para el riego de los huertos.
Para combatir el rigor invernal y calentar la lumbre de las cocinas utilizaban leña de roble y encina.
Sus tierras de cultivo estaban dedicadas mayormente al cereal: trigo, cebada y centeno.
En tiempos más antiguos iban a moler el grano al molino de El Pont d´Orrit junto al Noguera Ribagorzana o bien al molino de Montrebei a orillas del mismo río aguas abajo de Puente de Montañana en el lado catalán. En tiempos recientes llevaban el trigo a la harinera de Puente de Montañana y el panadero les daba el equivalente en la siguiente proporción: de cada cien kilos de grano, ochenta kg. en panes y veinte kg. en salvado para los cerdos.
Había gran variedad de árboles frutales, entre ellos el melocotonero, peral, manzano, ciruelo, granado o higuera.
También había olivos en buen número. La aceituna resultante se llevaba en camión a Tremp para obtener de ella el aceite.
La oveja era el animal principal sobre el que se sustentaba la ganadería.
Puy, Molí, Coscolla y Riba eran las casas que tenían ganado, alrededor de cien cabezas de ovino cada una.

"Nosotros teníamos con nuestro rebaño unas veinte ovejas que eran de casa Ibars, se las cuidábamos a cambio de poder pastar con el ganado por sus tierras".
JOSEP PUY PALACÍN (Pepito de Coscolla).


Los corderos se vendían a un tratante que venía desde el Mas de Ribera.
En verano se llevaban las ovejas de Colls y de otros pueblos de la comarca a Tavascan, en el Pirineo de Lleida y en otras ocasiones era al municipio de Aneto en el Pirineo aragonés, donde permanecían hasta mediados de septiembre.

"El día que volvían de la montaña era de mucho ajetreo porque venían todas mezcladas y había que separar las de cada casa".
JOSEP PUY PALACÍN (Pepito de Coscolla).


En cada casa se solía matar un cerdo al año. Días de mucha faena con los preparativos y posterior muerte del animal y la elaboración de toda la carne obtenida.
Conejos, perdices y palomas torcaces eran los animales que se cazaban en los montes del pueblo.
Perdices que se llevaban a vender a Puente de Montañana o a Arén.

"Mi tío cazaba conejos con la modalidad del hurón".
JOSEP PUY PALACÍN (Pepito de Coscolla).


"Mis hermanos se subían a un almendro que había junto a la era y desde allí cazaban conejos con una honda (tirachinas), como había tantos animales por ese tiempo siempre acertaban a alguno". ANA MUÑOZ.

San Pedro era el patrón de Colls pero celebraban sus fiestas patronales el tercer domingo de septiembre.
Tres músicos de Arén eran los encargados de amenizar el baile, el cual se hacía en la era Molí.
En otras ocasiones los músicos venían del Pallars Jussà (Lleida) como era Ramiro Lampurdanés, acordeonista del pueblo de Alsamora o bien Joan Boixet acordeonista del pueblo de Eroles.
Se acostumbraba a matar un cordero en cada casa para la ocasión en estos días festivos.
De quince a veinte personas se llegaban a juntar a cenar en cada casa.

"Mi padre en una ocasión me dijo que me asomara a la era por si había alguien que no tenía donde ir a cenar". JOSEP PUY PALACÍN (Pepito de Coscolla).

Venía gente de Soliveta, de Soliva, de Puifel y de las masías de Montañana a participar de las fiestas.
La fiesta pequeña era para la Ascensión (en mayo normalmente). Este día se hacía una misa y se repartía pan bendecido.
En Carnavales los niños se vestían con ropa vieja e iban pidiendo por las casas.
En la noche de San Juan era costumbre hacer hogueras en diversos puntos visibles del terreno. Se veían desde lejos y a su vez los de Colls veían las que hacían en otros pueblos. Se utilizaba leña mala que no se había aprovechado en la lumbre de los hogares.
Este acto se volvía a repetir en la noche de San Pedro pero ya con menor intensidad.
Muy arraigado estaba también entre las costumbres festivas navideñas la tronca de Nadal (Cagar la tronca).

"El día de Nochebuena después de cenar cuando ya toda la familia estaba junto al fuego del hogar se mandaba a los más pequeños a otra parte de la casa con cualquier excusa y mientras los mayores rellenaban el hueco de un tronco que estaba en la lumbre con diversos productos alimenticios. En nuestra casa solían meter tres tabletas de turrón, una botella de vino blanco y unas naranjas o mandarinas. Cuando los niños volvíamos junto al fuego cogíamos un martillo y golpeábamos el tronco cantando: Tronca de Nadal caga tarrons i pixa vi blanc.
Los regalos alimenticios salían como por arte de magia al golpear el tronco. Estos se consumían en el transcurso de la noche mientras el tronco se iba quemando al fuego". 

JOSEP PUY PALACÍN (Pepito de Coscolla).

El cura (mosén David) venía de Arén a oficiar los actos religiosos.
Se oficiaba misa dominical una vez al mes.

"El mosén venía el sábado por la tarde porque era cazador, salía a cazar con mi padre y se quedaba a dormir en nuestra casa.
Llegaba en bicicleta por la carretera hasta casa Ibars y desde allí subía andando hasta Colls".
JOSEP PUY PALACÍN (Pepito de Coscolla).


El médico venía desde Puente de Montañana, se desplazaba en moto hasta el cruce de la carretera y aquí bajaban a buscarlo con un macho.

"Una vez me fracturé la muñeca y mi madre me llevó en burro hasta Puente de Montañana. Pero no recuerdo muy bien si es que el médico no estaba en el pueblo que el caso es que me la arregló el barbero. Se ve que este hombre era mañoso en estos asuntos y aunque me hizo pasar mucho dolor me puso la muñeca en su sitio". ANA MUÑOZ.

Miguel el cartero venía desde Puente de Montañana.

Arén (algo más de dos horas andando) y Puente de Montañana (una hora y media andando) eran sus dos salidas naturales al valle (treinta minutos andando era lo que tardaban en bajar a la carretera y el río).
Al primero se desplazaban para comprar ropa o utensilios de cocina mientras que al Puente lo hacían para comprar alimentos normalmente, arroz, azúcar, conservas...
Para cosas de forja visitaban al herrero de Puente de Montañana.
La guardia civil de Arén aparecía una vez al mes por Colls haciendo la ronda.
La Sira de Casa Cemelí de Montañana pasaba periódicamente por Colls con un burro vendiendo hilos y paños de cocina y de paso compraba chatarra.
No faltaban tampoco los gitanos que restauraban pucheros y todo tipo de vasijas.
Había prensa en cada casa con la cual los vecinos elaboraban vino para consumo casero.

"Nosotros hacíamos vino para casa y también vendíamos, casi siempre a un almacenista de Pont de Suert (Lleida) que se lo llevaba para luego venderlo en los pueblos de la montaña".
JOSEP PUY PALACÍN (Pepito de Coscolla).


Colls llegó a los años sesenta con solo dos casas abiertas en el núcleo principal, la "defunción" del pueblo era algo anunciado.
Los factores que hizo que se llegara a esta situación habría que buscarlo en las malas comunicaciones, la falta de servicios básicos (luz, agua), el escaso rendimiento que se le sacaba a unas tierras poco productivas y de pequeña extensión, las ganas de mejorar y buscar un cambio de vida.
Sus gentes se repartieron por diversos pueblos de la provincia de Lleida.
Josep Puy Adillón y Dolores Palacin Garuz con el resto de la familia fueron los últimos de Colls, cerraron casa Coscolla en 1965 y se marcharon a Balaguer (Lleida).

"En el pueblo ya se habían ido todos, a la gente le iba bien en sus nuevos lugares de residencia, la maestra se fue porque se cerró la escuela, nosotros nos hacíamos mayores y teníamos que seguir estudiando, así que mis padres ya decidieron que era mejor que nos fuéramos.
Mi madre fue la que mejor llevó el cambio porque eso de que tuviéramos agua y luz en casa era el no va más para ella acostumbrada a las duras faenas del pueblo.
Yo me llevé un buen disgusto porque quería que nos hubiéramos ido a Monzón debido a que los de Garreta se fueron para allá y yo tenía mucha amistad con un niño de aquella casa y además mi familia de Ribera de Cornudella también habían emigrado a ese pueblo. Mis padres lo estuvieron sopesando pero al final se decidieron por Balaguer donde mi padre tenía allí un hermano trabajando.
JOSEP PUY PALACÍN (Pepito de Coscolla).


Informantes:
-Josep Puy Palacín de Casa Coscolla.
-Ana Muñoz Gutierrez de Casa Riba.


Visita realizada en mayo de 2018.

PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.

Punto y aparte. El camino desde la carretera se presenta áspero, sinuoso y en constante subida. Una hora me llevará mi caminar hasta este despoblado ribagorzano. A mitad de recorrido se divisa ya el pueblo subido en un promontorio y envuelto en una tupida capa de pinos de repoblación.
La pista en algunos tramos mejora y cuando llego hasta los muros de Colls unas gotas de lluvia fina empiezan a caer (aunque no pasará de ahí la cosa). Enseguida veo en una explanada por debajo del pueblo el antiguo vertedero de residuos urbanos de la Ribagorza. Aquí me sitúo frente al pueblo y veo el mal estado generalizado de sus edificaciones que a duras penas sobresalen entre la vegetación.
Una placa de hierro sobre una roca llama mi atención. En ella hay una inscripción dando cuenta de un encuentro de vecinos de Colls y descendientes que hicieron en el año 94. Seguro que fue un gran día de reencuentros de gente que haría más de cuarenta años que no se verían.
Busco la manera de adentrarme en el trazado urbano pero no hay un camino que me facilite el acceso, así que tengo que buscar algún resquicio por donde subir a las primeras edificaciones. Llego hasta las escuálidas ruinas de lo que fue su iglesia. Prácticamente pasaría desapercibida sino es por los escasos restos de pintura que quedan en el enyesado de sus paredes. Detrás de ella una voluminosa vivienda que hizo las veces de abadía y escuela. No se puede acceder a su interior. Desde allí me sitúo frente a dos gigantescas viviendas en estado ruinoso, subo hasta sus muros, no se puede entrar a ellas. El tejado ha cedido y ha arrastrado las vigas y el suelo de los pisos superiores taponando la entrada.
Una calle me permite transitar unos pocos metros hacía el exterior del pueblo pero enseguida toca volver por el mismo sitio. Un buzón de correos (sin puerta) se deja ver en una fachada. Intento seguir viendo más rincones del pueblo. No va a ser tarea fácil. Las calles ya no existen como tal y en la parte alta la ruina es generalizada. Toca trepar como buenamente se pueda entre piedras, vigas y vegetación. Con dificultades llego hasta la parte más alta. Una casa todavía mantiene la fachada exterior en aceptable estado. Un pararrayos llama mi atención. Desde aquí diviso el resto del pueblo a mis pies. El panorama es desolador. Apenas edificios reconocibles, el mal estado es común. A cambio unas buenas vistas del valle del Noguera Ribagorzana y la sempiterna visión de la entrada del Congosto de Montrebei (la vista del Congosto en Ribagorza es como la de la Peña Montañesa en Sobrarbe, se ve desde multitud de lugares de su territorio).
Desciendo hasta la parte baja del pueblo y me acerco hasta la ermita cercana. En ruina pero todavía en aceptable estado si se compara con la iglesia. Nada de mobiliario ni ornamento en su interior. Anexo a ella el cementerio.
Por el mismo camino me voy a visitar las dos casas que hay separadas del pueblo (Agustí y Riba). Media hora de caminar. A mitad de trayecto una gigantesca roca ha caído debido a la erosión del terreno donde se asentaba debido a las últimas lluvias y se ha quedado en medio del camino. Si algún vehículo todo terreno se aventura a llegar hasta aquí no podrá pasar. El pedrusco no deja espacio suficiente.
Continuo el camino y veo a lo lejos el pueblo de Soliva y por encima de este el de Claravalls sobre una colina.
Llego hasta la altura de las dos viviendas que eran objetivo de mi visita pero no hay un sendero claro que me lleve hasta ellas, así que entre matorral y pinos llego hasta una de ellas. En buen estado al exterior con sus correspondientes edificios auxiliares en torno a ella formando un pequeño patio. Bonito y solitario lugar. El mal estado de la casa no me permite acceder a su interior pero es bonita su fachada.
Pese a estar cerca no consigo dar con la otra vivienda (luego me enteraré de que está prácticamente en el suelo).
Toca volver para Colls. Vuelvo a pasar por la mole de roca que se plantó en medio del camino,
¡como sería cuando bajara rodando desde su anterior ubicación inalterada desde siglos, apenas unos cinco metros por encima del camino, el desplazamiento fue corto, pero causaría impresión el momento de verla rodar!
Llego otra vez hasta el pueblo. Todo igual. Nadie aparece por allí. Ningún senderista, ni de todo terreno, ni de bicicleta. No veré a ningún ser humano hasta que llegue a la carretera.
Deshago el camino, ahora es bajada y en una hora estoy junto al coche.




Vista de Colls desde la lejanía en su ubicación sobre el terreno.




Iglesia y escuela.




Foto cedida por Josep Puy.

Año 1959. Iglesia de Sant Pere. De planta rectangular. Tenía puerta de madera de doble hoja enmarcada en arco de medio punto y sobre ella una espadaña de dos vanos con sus correspondientes campanas coronada por tejadillo a dos aguas. Antaño fue una ermita situada dentro del pueblo que se usaba para rezar el rosario y otros actos religiosos de pequeña envergadura. Al cerrar el templo situado en las afueras del pueblo junto al cementerio esta pasó a ser la iglesia parroquial de Colls donde se ejercían todos los oficios religiosos. Detrás la escuela.

"A pesar de que estábamos ya con la idea de emigrar el cura convenció a mis padres de que era mejor que hiciéramos la comunión aquí en Colls mi hermano y yo en vez de en Balaguer donde podíamos quedar más señalados por nuestra procedencia de la montaña".
JOSEP PUY PALACÍN (Pepito de Coscolla).


"Yo hice la primera comunión por sorpresa y sin que mi madre lo supiera. Resulta que yo había ido ese domingo al pueblo porque iban a celebrar la comunión mis amigas, previamente habíamos cogido flores por el campo para adornar el interior de la iglesia. Me cogieron entre el cura y la maestra y me convencieron de que yo tenía que hacer ese día también la comunión. Yo no había traído traje para la ocasión pues mi madre no sabía nada como así me manifestó en las sucesivas ocasiones que sacamos el tema a relucir. Ella me aseguró que si lo hubiera sabido me habría conseguido un traje de comunión". ANA MUÑOZ.




Foto cedida por Josep Puy.

Año 1977. Josep Puy Palacín de casa Coscolla con su mujer Angelina y unos amigos de Balaguer visitando el pueblo cuando este llevaba poco más de diez años vacío.
La iglesia mantenía el tejado y la espadaña (sin campanas). Por detrás la escuela conservando todavía el enfoscado de la fachada pero con el tejado ya debilitado.



Año 2018. Iglesia de Sant Pere. En ruina total.



Escuela de Colls.

"Mi padre y mi tío Francisco contaban que a finales del siglo XIX dos hombres del pueblo fueron andando hasta La Seu d´Urgell para hablar con el obispo y manifestarle el deseo de que querían tener cura en Colls.
La respuesta que recibieron del prelado fue que si edificaban una casa como residencia del sacerdote él se comprometía a que tuviesen cura en el pueblo pero que no podía ayudarles en la construcción de la vivienda.
Después de varias asambleas los vecinos de Colls acordaron construir dicha casa, la cual se terminó de edificar en los primeros años del siglo XX. Se la llamó la abadía y de inmediato llegó el mosén al pueblo.
Posteriormente en las elecciones municipales de 1931 llegaron los partidos políticos a pedir el voto a las gentes de Colls a la par que les preguntaron que es lo que más se necesitaba en el pueblo.
La respuesta de los vecinos fue unánime: escuela para los niños y niñas. Se daba la circunstancia que en aquellos años no había cura en el pueblo y por ello la abadía podía albergar el aula para enseñanza y además se podía utilizar como vivienda para el maestro y su familia.
La candidatura de izquierdas les dijo que podían contar con ello pero que se asegurasen de que la casa era del pueblo y que el obispado no había ayudado en su construcción.
La candidatura de derechas por el contrario les expuso el razonamiento de que no podían poner la escuela en la abadía porque ello significaría que no podrían volver a tener mosén en el pueblo.
Toda la gente del pueblo votó a la candidatura de izquierdas. Con la proclamación de la República días después, en Colls muy pronto tuvieron escuela y maestro. Situación que se mantuvo de manera ininterrumpida hasta los años 60".
JOSEP PUY PALACÍN (Pepito de Coscolla).


Así esta edificación pasó de abadía a escuela.
Doña Florentina Alonso Fernández, natural de Zamora fue la última maestra que estuvo impartiendo enseñanza durante varios años en el pueblo. Estaba de patrona en Casa Coscolla.
Alrededor de una docena de niños asistían a clase en los años 50.

"Venían niños de Casa Garreta de Puifel (allí eran seis, cuatro niños y dos niñas, aunque no coincidieron todos juntos en etapa escolar).
Acudían tres niños de la masía Castany y de Cal Serranet (masías de Montañana). Se quedaban a dormir en mi casa y se iban los fines de semana para las masías.
También estuvo asistiendo a esta escuela durante dos o tres años un niño del Mas de Faro de Castissent (Lleida), Pepito Morancho Puy, era primo mío (su madre era nacida en casa Coscolla) y se quedaba todo el año en mi casa. Solo se iba en vacaciones para su pueblo.
Un año vinieron también a escuela un niño y una niña que eran hijos de unos carboneros que estaban haciendo carbón en Casa Garreta de Puifel.
Incluso durante un año estuvo viniendo una niña de Casa Sabaté de Soliveta: María Parisi Soro.
A ellos hay que añadir tres niños más, hijos de unos masoveros que estuvieron residiendo en casa Riba después de que se fueron sus propietarios. Ellos eran los hermanos Muñoz Gutierrez, Pedro, Ana y Zoilo".
JOSEP PUY PALACÍN (Pepito de Coscolla).

"Mi hermano Pedro y yo estuvimos yendo durante tres años a la escuela. Por el camino siempre te llevabas alguna sorpresa pues tan pronto veías un lagarto como una serpiente.
A pesar de que ya ibas desayunado de casa en la escuela nos daban leche en polvo y tiempo más tarde un trozo de queso.
En el recreo me lo pasaba jugando con Consuelo y Pilarin de casa Garreta de Puifel y con Emilia de casa Molí.
Mi hermano y yo comíamos arriba junto a la fuente lo que nos hubiera metido nuestra madre en una tartera.
Con el paso del tiempo mi hermano Emilio empezó a festejar a Leonor de casa Cllaret y esta nos decía algunas veces que fuéramos a comer a su casa.
Había días que no asistíamos a la escuela porque hacía muy mal tiempo o porque había que ayudar en alguna faena en casa.
Doña Florentina me debió ver buenas cualidades para la enseñanza porque le decía a mi madre que hiciera lo posible para que me pusiera a estudiar para maestra". ANA MUÑOZ.




Casas Coscolla y Molí.




Foto cedida por Josep Puy.

Año 1992. Casa Coscolla. La habitó el matrimonio formado por José Puy Adillón y Dolores Palacín Garuz (natural de Ribera de Cornudella). Vivía también un hermano soltero del amo de la casa (Francisco) y los tres hijos del matrimonio: Josep, Jesús y Consol.
Emigraron a Balaguer (Lleida).
"En la planta baja estaba la entrada al edificio donde se dejaban todos los aperos y atalajes. Por aquí se entraba al corral de las mulas. En otra estancia estaba la bodega donde había dos toneles de vino y se ponían también los productos de matanza a secar y orear. Había también un pequeño habitáculo donde había dos picas de aceite.
En la planta primera estaba la sala con una mesa grande y un banco de madera a cada lado. Uno tenía respaldo y otro no, debido a que en este último apoyaban la espalda en la pared. Había un armario empotrado donde se guardaba los manteles, la cubertería y los platos.
En el otro lado quedaba la cocina, dividida en dos estancias,el foc y la cuina. En la primera era donde estaba la chimenea con la lumbre encendida y en la segunda era donde estaba la pila para lavar los cacharros. En otro espacio estaba el horno para hacer el pan. En el pasillo había una cantarera donde se mantenían los cantaros con agua. Al fondo quedaban dos habitaciones (una de ellas alcoba).
En la segunda planta estaba el resto de habitaciones: la grande donde dormían mis padres y las otras dos era las que les llamábamos los cuartos de los forasteros. En una de ellas dormía la maestra.
En esta misma planta estaba el desván donde se guardaban todas las cosas viejas".
JOSEP PUY PALACÍN (Pepito de Coscolla).






Casa Coscolla en el año 2018. Fue la última vivienda que se cerró en Colls.



Foto cedida por Josep Puy.

Año 1992. Fachada lateral y trasera de casa Coscolla, orientadas al oeste y el norte respectivamente. Horno adosado.



En la fachada de la cambra de casa Coscolla se encontraba el buzón de correos.

"El buzón nunca lo conocí en uso. El cartero siempre entregaba la correspondencia en cada casa y a su vez le daban alguna si hubiera para enviar y de paso le ofrecían algo de beber y alguna pasta".
JOSEP PUY PALACÍN (Pepito de Coscolla).




Puerta de acceso a Casa Coscolla y al fondo balcón de Casa Molí.




Foto cedida por Josep Puy.

Casa Molí. La habitaba el matrimonio formado por Ramón Badía (natural de San Esteban del Mall) y María Baró.
Tuvieron dos hijos: Emilia y Bienvenido.
También vivían en la casa los abuelos Francisco Baró Balagué y María Prats Baró (nacida en casa Agustí), además de un hijo soltero de ellos y hermano de María: Francisco Baró.
Se marcharon en 1959 a Sucs (Lleida).




Callejón entre Casa Molí (izquierda) y Casa Coscolla (derecha).
La entrada a la vivienda de Molí no estaba en la fachada principal sobre la calle sino por aquí.




Casa Cllaret, en la parte más alta del pueblo. Vivió en ella el matrimonio formado por Ramón Palacín Piedra y Rosa Farré Tudel.
Tuvieron dos hijos: Ramón y Leonor.
Fue la penúltima casa en cerrarse en Colls.
Se marcharon a Tremp (Lleida) en el año 64.




Pajar de casa Cllaret.




Casa Castell.




Pararrayos. Situado en la parte más alta del pueblo, en los dominios de casa Castell.
"Cuando lo pusieron me parece que los de Castell ya se habían bajado a la Ribera (grupo de casas de nueva construcción situadas junto a la carretera y el río). A los mayores siempre les escuchaba contar que en mi casa cayó un rayo que hizo bastante daño a mi tío Lorenzo. Quizá eso pudiera influir para que pusieran el pararrayos". JOSEP PUY PALACÍN (Pepito de Coscolla).




Vista desde la parte alta del pueblo de algunos edificios. Ruina generalizada.
De algunas casas ya solo quedan algunas piedras amontonadas en el suelo, tal es el caso de Pilara, Ibars o Puy. Estas dos últimas casas se bajaron a vivir a las casas de nueva construcción junto al río y la carretera.
En la de Ibars vivió el matrimonio formado por Ramón Tremosa y Amada Altarriba. Tuvieron un hijo: Ramón. Emigraron a Barcelona.



A doscientos metros del pueblo se ubica la iglesia de Sant Pere. Fue la primitiva parroquia del pueblo. En ella se ejercían todos los actos religiosos.
Poco antes de la guerra civil ya se dejó de practicar culto en ella debido a que estaba un poco retirada del pueblo, cada vez había menos vecinos y era más costoso su mantenimiento.




Interior del templo. Puerta de acceso. Altar mayor. Capilla lateral. Arcos fajones.




Cementerio.




A dos kilómetros del pueblo se encuentra Casa Riba. Vivió en ella el matrimonio formado por Joaquin Llerins y Julia Puy (nacida en casa Coscolla). Tuvieron un hijo: Fermín.
Emigraron a Tremp (Lleida).

"El resto de la familia ya se había marchado a Barcelona y la tierra necesitaba de muchas manos para trabajarla. Mis padres no podían atender todo. A ello hay que añadir las malas comunicaciones que teníamos, la lejanía del médico y las ganas que tenían mis padres de buscar una mejor calidad de vida y de paso que yo pudiera estudiar. Así que en el año 56 cerramos la puerta de la casa para siempre y nos marchamos a Tremp". FERMI LLERINS.

En el año 58 se volvió a abrir la puerta de Casa Riba porque se instaló en ella una familia de masovers naturales de Almedinilla (Còrdoba).
Ellos fueron el matrimonio formado por Ricardo Muñoz Matas y Ana Gutierrez Jiménez, además de los nueve hijos del matrimonio: Ricardo, María, Emilio, Joaquin, Loli, Felix, Pedro, Ana y Zoilo.

"Mi padre estaba trabajando en la construcción del embalse de Sopeira. Estaba viviendo él solo en el pueblo del mismo nombre. En mayo del 55 llegamos el resto de la familia: mi madre y ocho de los nueve hijos. Mi hermano el mayor estaba haciendo la mili y vino después. Vivimos en Sopeira y luego en Santorens. Cuando se acabó lo del embalse mi padre quería seguir trabajando en el campo debido a que tenía el lema de que no quería la ciudad porque sus hijos podían pasar hambre en ella. Se contrató de masover con los dueños de Casa Riba en el año 58 y para acá que nos vinimos.
Teníamos olivos y mi padre iba con un burro cargado de aceitunas cada dos días y los llevaba más allá de Puente de Montañana.
Estuvo trabajando durante un tiempo en la construcción del nuevo camino del Congost de Montrebei que hubo que hacer a un nivel más elevado para que no lo tapara el agua.
Teníamos una cerda de cría que había que llevarla a cubrir al semental que tenía un señor en Puente de Montañana.
Aparte de eso teníamos un pequeño rebaño de ovejas y luego pues gallinas, conejos y pavos.
Y también un burro y una mula.
Habia unas colmenas en la parte de atrás de la casa.
Mis hermanos mayores iban trabajando en lo que salía, unos fueron a los pinos y otro de se puso de pastor en el Mas de Ribera.
Mi madre trabajando lo que no está escrito para sacar adelante a todos. Cosía por encargo, se ocupaba de todas las tareas de la casa y era capaz de quedarse toda una noche en la cocina a la luz del candil cosiendo o arreglando alguna ropa que tuviéramos que llevar puesta al día siguiente.
En casa se quedaban a veces a comer o a dormir gentes que venían de Andalucia buscando trabajo y no tenían donde ir". ANA MUÑOZ.



Patio de Casa Riba. Portada de acceso en arco de medio punto. Sobre ella había un balcón (desaparecido). A la derecha entrada a la masaderia donde estaba el horno para hacer el pan.

"La casa tenía un portal de entrada, a la izquierda una habitación donde había unos baúles con ropa que habían dejado los antiguos propietarios. A la derecha estaba la bodega con las cubas de vino y el aljibe de agua.
En la primera planta el comedor, tres habitaciones, una alcoba, la cocina con una división para la lumbre y otra para el fregadero. Recuerdo que el suelo del comedor y el de algunas habitaciones era muy bonito, de mosaico con llamativos colores".
El horno no lo conocí funcionando. Llevábamos el trigo al Puente y allí nos daban el equivalente en pan.
A Casa Isidro en el Puente es donde solíamos ir a hacer las compras que necesitábamos.
De paso llevábamos huevos, pollos o conejos para vender.
La fuente para coger agua para consumo estaba situada a un kilómetro en el camino que iba hacia Soliva. Había allí también una balsa donde lavábamos la ropa. Me tocaba ir a menudo con mi hermana Loli con el burro a por agua. Además teníamos allí el huerto.
En la casa había un aljibe que recogía el agua de lluvia debidamente canalizada. Esta se usaba para lavar los cacharros o para los animales.
En el 61 nos fuimos de Casa Riba porque ya los hermanos mayores se habían ido, unos a Barcelona y otros a pueblos de la comarca y quedábamos en casa solo los más pequeños. Teníamos malas comunicaciones y todo quedaba retirado. La vida se hacia dura allí. Nos trasladamos a Antist en la Vall Fosca en el Pirineo de Lleida donde estuvimos unos años de masoveros". ANA MUÑOZ.






Era de trilla de Casa Riba




Casa Celleret de Puy. Algunas familias optaron por dejar la casa que tenían en el pueblo y construirse una nueva vivienda en los terrenos que tenían junto a la carretera, donde estaban mejor comunicados y más cerca de Puente de Montañana. Una de ellas fue esta de Celleret de Puy, previamente habían cerrado Casa Puy en el pueblo. Vivían  en ella los hermanos Ramón y Estrella Llebot. Se marcharon para Lleida.




Placa de hierro conmemorativa del reencuentro de antiguos vecinos y descendientes de Colls en el año 1994.

"Fue algo muy emotivo y emocionante. Nos juntamos alrededor de sesenta o setenta personas. Mi madre que no había querido volver a Colls, ese día se puso muy contenta de ver a los antiguos vecinos. En la mayoría de los casos hacía treinta años que no nos veíamos. Yo volví a ver a alguno de mis compañeros que tuve en la escuela después de tantos años. Nos dejamos de ver siendo niños y nos volvíamos a reencontrar adultos y ya con una familia formada. Fue algo muy bonito. Un día muy especial en el plano sentimental. Tiempo para los reencuentros, para los saludos, para recordar los días pasados en el pueblo, para preguntar por el rumbo que tomó cada uno, para preguntar por los ausentes.
Asistió gente de casi todas las casas del pueblo menos una o dos.
En definitiva un día de mucha nostalgia y añoranza.
Pusimos la placa sobre el peñasco, nos hicimos muchas fotos y luego bajamos todos a comer al Puente de Montañana donde como colofón a la comida el cocinero del restaurante hizo una tarta para todos los presentes que tuvieron el honor de partir el primer trozo los invitados de más edad: Joaquin de Cllaret y Rosalía de Puy.
Al año siguiente (1995) volvimos a realizar la fiesta pero ya mermó bastante la asistencia y no hubo mucho entusiasmo por continuar con la celebración en años posteriores".
JOSEP PUY PALACÍN (Pepito de Coscolla).


"Fue un día muy bonito. Asistimos mi marido, mi hermano Pedro, mi cuñada y yo. Mucha emoción de ver a gente que hacía tantos años que no veías. Mucha sorpresa cuando alguien te decía yo soy de ca de... y te costaba reconocerlo. Habían pasado más de treinta años y encontrabas a la gente muy cambiada lógicamente. Lo pasamos muy bien". ANA MUÑOZ.

7 comentarios :

  1. Magnífica entrada...Se ve que te asesoras bien para hacer la visita al sitio.
    ----
    Cada vez que vengo acá, salgo lleno de melancolía

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegra que te guste el reportaje.
      La colaboración de los informantes es primordial para hacer una entrada de calidad. Ellos ponen nombre a las personas y las casas, aportan fechas, datos, recuerdos y anécdotas.
      Aportan el lado humano de la despoblación.
      Sin ellos nada sería igual.
      No pasaría de ser un frío blog de fotografías de despoblados.
      Un cordial saludo.

      Eliminar
  2. Es una página, esta, que me pone triste. Sin embargo la tengo en favoritos.
    Hablan y no dejan de hacerlo de la España vaciada, pero ninguno de los que nos gobiernan, ninguno, de ningún partido político, ninguno, se ha quedado en el pueblo donde nació. Eso si, todos reivindican, pero todos en sus respectivas capitales.
    Salut.
    Muy buena entrada, por cierto.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Tot. Soy un venezolano que te saluda desde Brasil. El asunto de la despoblación del campo es un fenómeno social, económico y político normal. No es culpa de ningún gobierno o institución. Los urbanismos cada vez se vuelven más sofisticados y eso hace que uno tienda hacia ellos. Por ejemplo, si en un lugar no tengo buena señal de WF seguro que emigro de ahí...Yo por ejemplo lo haría. Somos eminentemente gregarios. En Venezuela tenemos un dicho "campo no le gana a pueblo". Ahora bien...Algo si te aseguro. El que parte lo hace con mucha nostalgia, pero no le queda otra alternativa. Por eso, documentos como las entradas de este blog son algo que debe auparse pues cuando todos los que alguna vez vivieron en Colls (por decir un ejemplo) morirán antes de que este siglo llegue a la mitad...¿Qué quedará de la historia de ese pueblo?...Sus piedras y el escrito de Faustino que salvará lo que fue su Historia

      Eliminar
  3. Roberto Tartaj Marchmiércoles, 08 enero, 2020

    Hola Faustino,como siempre,nos ofreces unas expresivas fotografías muy bién documentadas de esos lugares ya deshabitados que vivieron sus mejores tiempos en épocas pasadas,es una lástima que queden así pero cuando lo más básico falta ,malas comunicaciones,falta de lúz,agua,etc...la gente tiene que buscar una mejor calidad de vida,pues nada,Faustino,es todo un privilegio poder leer y disfrutar de tus artículos,un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Roberto.
      Pues si, las fotografías muestran el estado actual de un pueblo ya prácticamente irrecuperable.
      Una vez más el mal endémico común a tantos pueblos (el progreso que nunca llegó) devoró a Colls y lo sumió en un letargo infinito a merced del olvido y del abandono.
      Un abrazo.

      Eliminar
  4. Qué pena que este lugar se haya deteriorado tanto que no sea ya recuperable. Y qué curioso que en un pueblo tan pequeñito se llegaran a juntar tantos niños en la escuela.

    ResponderEliminar