Rocafort (Huesca)


A medio camino entre las localidades literanas de Tamarite y San Esteban se encuentra este despoblado de Rocafort.
Situado en una pequeña elevación del terreno sobre un barranco de cauce seco nueve viviendas dieron vida a esta población perteneciente al municipio de San Esteban en las áridas tierras de la comarca de La Litera.
Nunca conocieron la luz eléctrica en el pueblo. Los candiles de aceite y de carburo fueron sus fuentes de iluminación.
Para coger agua para consumo se surtían de dos aljibes cercanos.
Había seis pozos de agua en las afueras del núcleo urbano para regar los huertos.
Contaban con una balsa de agua que se abastecía de agua de lluvia donde se llevaba a beber el ganado y donde también iban las mujeres a lavar la ropa.
Leña de carrasca y de olivo era la que utilizaban para calentar la lumbre de las cocinas.
Tuvieron un horno comunal para todo el pueblo pero en los últimos años ya se dejó de hacer pan en dicho horno y se iba a comprarlo a Alcampell.
Sus tierras de cultivo estaban sembradas de trigo y cebada, contando con numerosos almendros y olivos.
Se desplazaban a moler el grano a Tamarite o a Binéfar.
Llevaban la aceituna a las almazaras de Alcampell o de Tamarite.
Las almendras las llevaban a vender a Tamarite.
Cada casa se hacía su propio vino.
La oveja era el animal prioritario en la ganadería. Miguel, natural del pueblo de Camporrells era el pastor que se encargaba de sacarlas a pastar.
Los corderos se solían vender a un carnicero de Alcampell.
Se mataban uno o dos cerdos al año según las necesidades de cada casa. Se acostumbraba a matar a la par una cabra y así aprovechar para mezclarla con la del cerdo a la hora de hacer los embutidos.
Los tocinos se llevaban a vender a Binéfar.

"Cazábamos conejos con la modalidad del hurón, incluso algunas veces nos acompañaba a cazar la pareja de la guardia civil de Binéfar cuando estaba de ronda por el pueblo". FRANCISCO GALLART.

Se acostumbraba a celebrar misa todos los domingos en la iglesia del pueblo. Don Domingo, el cura venía desde Alcampell en una moto guzzi para celebrar los oficios religiosos.

"Los domingos se les echaba paja a las mulas en las cuadras, se iba a por agua para consumo y luego había que ir a misa porqué el mosén se enfadaba con los que no iban". FRANCISCO GALLART.

Don Jesús, el médico de Tamarite acudía a Rocafort en un taxi cuando se le necesitaba.

"Al médico no se le solicitaba casi nunca pero si alguna vez se le llamaba dejaba todo lo que estuviera haciendo y se desplazaba lo más rápido posible a Rocafort porque imaginaba que era algo grave". FRANCISCO GALLART.

El cartero, Miguel venía desde Pelegriñón montado en bicicleta, previamente había ido a recoger la correspondencia a Tamarite de Litera.

Para hacer compras se desplazaban a Alcampell donde había varios comercios y los martes acudían a Tamarite que era día de mercado.
En este mismo pueblo estaba la farmacia para comprar los medicamentos que se necesitaran.

El 29 de septiembre celebraban sus fiestas patronales en honor a San Miguel con una duración de dos días.
Se hacia un pasacalles mañanero por las casas del pueblo, una misa y luego baile por la tarde y por la noche.
Se acostumbraba a matar un cordero para esos días en cada casa, con ello se hacía carne mechada, rebozada o a la brasa. Se contrataban cocineras en Alcampell para ayudar en las tareas de la cocina.
Nadie se quedaba sin comer, se repartían a los forasteros por las casas.
La música del baile era amenizada por la Orquesta Los Bomberos de Alcampell, con saxofón, trompeta, guitarra, acordeón y batería entre otros instrumentos hacían sonar los bailables para todos los presentes.
Venía mucha juventud de Alcampell y San Esteban, los de Tamarite lo hacían en menor número.

"El último año que se celebró fiesta en Rocafort vino la Orquesta La Torrente de Alcampell porque la Orquesta de Los Bomberos que es la que solía venir ya no funcionaba.
El cura ese día vino acompañado de varias chicas jóvenes de Alcampell y como resulta que en el pueblo ya solo quedaba yo de mozo me fui rápido a Tamarite a traerme unos cuantos chicos y así equilibrar un poco el ambiente.
Acudió también uno de Tamarite y puso un kiosco con bebidas.
Con ser la última fiesta en el pueblo fue la que mejor recuerdo de todas, lo pasamos muy bien". FRANCISCO GALLART.


La fiesta pequeña era el 20 de abril, ese día la celebración de una misa y la bendición de los campos eran los actos más representativos.

"Yo le oía contar a mi padre que en tiempos más antiguos se hacían dos bailes en el pueblo, uno para los pobres con música de organillo y otro para los más pudientes con música de orquesta". FRANCISCO GALLART.

En tiempos más antiguos hubo taberna en Rocafort, en casa Simonet.
Cada casa tenía un aparato de radio donde escuchaban las noticias que se daban en el mundo.
Los domingos se juntaban en alguna casa a jugar al guiñote o a la butifarra.
Los jóvenes acudían los domingos a Tamarite o a Binéfar al baile.
Los más aficionados al futbol se desplazaban los domingos a Alcampell para ver los partidos en televisión.

"Yo iba con Javier de Casa Coll los domingos a Binéfar, en verano íbamos en moto y en invierno en tractor.
Llevábamos cada uno una moto pero no teníamos carnet porque teníamos quince o dieciséis años, pero no salíamos nunca a carretera, íbamos por un camino de tierra que nos llevaba directo.
Primero asistíamos al baile en la sala La Palermo y luego íbamos al cine.
A la una de la mañana de vuelta para Rocafort. En una ocasión hice el trayecto a oscuras porque se me fundieron las luces, me iba orientando como podía". FRANCISCO GALLART.


La falta de servicios básicos como la luz y el agua y las ganas de vivir en sitios donde hubiera más comodidades hizo que la gente de Rocafort empezara a emigrar en los años 50 y 60.
Incluso hubo un proyecto de poner la luz por medio de una linea que iba desde Tamarite a San Esteban y que pasaba a un kilómetro del pueblo pero la gente no se puso de acuerdo porque costaba muy caro, así que el adelanto eléctrico pasó de largo por Rocafort.
Tamarite de Litera en su casi totalidad y en menor medida Binéfar fueron las poblaciones donde se establecieron las gentes de Rocafort.
Cuando en 1970 el matrimonio formado por Francisco Gallart y Encarnación Altemir  cerraban Casa Pepet se acabó el ciclo de vida humana en Rocafort.

Relación aproximada de personas que vivían en Rocafort en la segunda mitad del siglo XX.
CASA BOIXET
Matrimonio: Sebastían Aniño y Carmen Rosico.
Hijo: José María.
Emigraron a Tamarite.

CASA COLL
Matrimonio: Antonio Til y Javiera Bergua.
Hijo: Javier.
Emigraron a Binéfar.

CASAS MAYOR Y TRILLO
(Se casaron los herederos de las dos casas y juntaron el patrimonio).
Matrimonio: Manuel Millaruelo y Pilar Trillo.
Hijos: Angeles y Pepe.
Emigraron a Tamarite.

CASA BARDAXI
Matrimonio: Ricardo Montanuy y Conchita Colomina.
Hija: Araceli.
Emigraron a Tamarite.

CASA BALLESTER
Matrimonio: Antonio Sallan y Josefa Larrebola.
Hijos: Antonio y José.
Emigraron a La Torre Sallan en Tamarite.

CASA PEPET
Matrimonio: Francisco Gallart y Encarnación Altemir (natural de Castillo del Plá).
Hijo: Francisco.
Emigraron a Tamarite.

CASA SIMONET.
Matrimonio: Francisco Estrada y María Tarrasca (natural de Estopiñán del Castillo).
Hija: María Ángeles.
Emigraron primeramente a Binéfar y en una segunda emigración a Monzón.

CASA SIMÓN
Matrimonio: Antonio Fort y Amalia.
Hijos: Antonio y Joaquin.
Emigraron a La Torre Larrull y posteriormente a Tamarite.


Informante: Francisco Gallart Altemir (Pepet de Rocafort) de Casa Pepet.

Visitas realizadas en octubre de 1997 y septiembre de 2019.

PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.

Punto y aparte. Mientras tomo un vermut en una terraza de un bar de Tamarite de Litera con mi informante, Pepet de Rocafort y mientras este me va contando todos los recuerdos de su pueblo y me va nombrando la relación de habitantes del pueblo enseguida me doy cuenta del detalle de que en todas las casas eran hijos únicos o había dos hijos a lo sumo, de ahí no pasaban.
No se lo menciono a mi interlocutor pero pienso en ello y me parece chocante que de ocho familias ninguna fuera numerosa tal y como se acostumbraba aquellos años en muchos pueblos donde lo normal es que alguna familia tuviera cinco, seis, ocho o nueve descendientes.
No recuerdo ningún caso parecido. Queda como una anécdota curiosa.
En mi primera visita a este singular despoblado hace veintitrés años me sorprendió sobremanera la primera visión de Rocafort en una de las vueltas del camino.
Se aparecía ante mis ojos una especie de muralla gigante sobre un promontorio que daba un aire surrealista a la escena. No me esperaba encontrar un pueblo diseñado con semejante estructura urbana. En aquellos años no había visto ninguna fotografía del pueblo y no sabía lo que me iba a encontrar, es por ello que me impactó mi primer contacto visual con el despoblado. Recuerdo que sin saber muy bien porqué mi mente se fue hasta Italia, quizá porque en algún libro había visto unas edificaciones parecidas.
En esta segunda visita en los comienzos del otoño iba también expectante para ver esa primera imagen visual del pueblo cuando se mostrara ante la vista. El factor sorpresa ya se había perdido porque sabia de la anterior ocasión la estructura del pueblo pero aún así me volví a quedar anonadado viendo la imagen de esa gigantesca "muralla" carcomida por el "reuma" y desmoronándose poco a poco.
Subo por el terraplén hasta situarme enfrente de sus viviendas y me vuelvo a sentir como si estuviera en un pueblo de gigantes, tal es la envergadura de sus edificios elevándose hacía el cielo. Uno se queda empequeñecido ante semejante visión.
Dedico unos minutos a contemplar la descomunal fachada trasera de Casa Coll con su multitud de vanos aunque ya de antemano observo que se ha caído una parte, en concreto la parte alta donde se encontraban unas galerías solaneras que hacían las veces de secadero. En no mucho tiempo el resto de la fachada correrá la misma suerte como ya lo ha hecho la anexa Casa Boixet.
Me siento en una piedra y a observar. Tristeza por un lado y emoción por otro es lo que se apodera de mi mente.
Me voy a recorrer el resto del pueblo, ya no es posible caminar por la calle principal que serpenteaba y subía hacía la parte alta. La maleza y los escombros lo imposibilitan.
Así que contorneo el pueblo pasando junto a edificaciones auxiliares olvidadas al paso de los años. Casas en estado ruinoso salen al paso.
Llego hasta la parte de arriba. Las primeras viviendas en aparecer están a punto de dar con sus piedras en el suelo. El expolio en Rocafort tuvo que ser tremendo.
Observo por aquí la entrada a las casas, las mismas que había tenido oportunidad de ver por su parte de atrás y donde "tan pequeño" me sentía contemplándolas. Si por su parte trasera tenían hasta cuatro plantas en algunos casos, por delante apenas son solo dos, los bajos de las casas en este lado se apoyan directamente en el terreno.
Me dirijo hacía la cercana pero oculta iglesia, paso junto a una balsa seca y llego hasta el templo.
Está igual que lo recordaba, accedo a su interior, todo igual, las lápidas funerarias, el altar mayor, las capillas laterales, el coro ya sin barandilla....
Salgo al exterior y me encamino al cercano edificio que un día fue la escuela. Cuando estoy llegando oigo ruido de motor. En un minuto un coche llega hasta allí y lo aparca. De él se baja una chica joven con un perro. El animal enseguida empieza a corretear por todos los lados y la chica se acerca hacía mi. Viene de Tamarite y ha llegado hasta allí para sacar a pasear un poco al perro y echar un cigarro.
Mantenemos una charla trivial sobre Rocafort y sobre Tamarite y me despido de ella. Me dirijo por un camino que en suave ascenso y tras pasar junto al cementerio me llevará en poco más de diez minutos hasta el otero donde se alza la ermita de La Virgen de La Guardia. Ha sido restaurada y se encuentra en estado impecable en su aspecto exterior.
Las vistas desde allí son fabulosas. Rocafort por un lado, Binéfar al fondo, los montes de Tamarite y Alcampell..
La tranquilidad es impresionante. Me siento en uno de sus costados, donde da la sombra y dejo que el tiempo transcurra. No escucho nada y tengo buenas vistas así que no puedo pedir más.
Negros nubarrones vienen por la parte de Tamarite, así que decido finalizar mi visita.
Desciendo otra vez por el camino que me lleva a Rocafort, dedico unos minutos nuevamente a contemplar esa maravilla de "muralla ciclópea" ruinosa.
Me voy alejando del pueblo y voy volviendo la vista hacía atrás a cada pocos pasos, no paro de hacer fotografías. Hasta que el despoblado ya se difumina en mi campo de visión.
Por otro lado contemplo con estupor en internet que este pueblo también está incluido en la lista de pueblos malditos. Supuestas apariciones, desapariciones, voces......
¡¡Otro más!!



Rocafort en 1997.




Visión de Rocafort por el camino de Tamarite.




Vista parcial de Rocafort desde el oeste. Casas Boixet, Coll, Mayor.




Vista parcial de Rocafort desde el este. Casas Boixet, Coll, Mayor.




Casa Boixet. Fue la penúltima casa que se cerró en Rocafort. Ya se ha desmoronado la mitad de la vivienda. A la derecha Casa Coll




Fachada de Casa Coll orientada al sur. Sustentada en cuatro arcos ciegos. Profusión de vanos.




Tanto Boixet como Coll tenían la entrada a la vivienda por su lado norte.




Casa Mayor.




Casa Trillo.




Casa Bardaxí.




Casa Pepet. La última que se cerró en Rocafort.




En mal estado y con dificultad para acceder a ellas se encuentra el resto de casas del pueblo: Ballester, Simonet y Simón.




Entre medias de las casas y la iglesia se encontraba la balsa de agua (actualmente seca). Se llenaba con agua de lluvia. Aquí venían las mujeres a lavar y se traía el ganado a beber.

"En invierno se helaba y había que romper el hielo con punzones para que pudieran beber los animales. A los niños nos servía para patinar".
FRANCISCO GALLART.




San Miguel de Rocafort.




Entrada al templo. Portada en arco de medio punto con la parte superior hecha en ladrillo. Escalones de acceso. Hornacina superior. Óculo de iluminación.




Interior del recinto parroquial. Lápidas funerarias. Altar mayor. Hornacinas. Cruz moldeada en yeso. Capillas laterales.




Escuela de Rocafort. Actualmente transformada en lugar de reunión de cazadores de la zona.
Séis niños asistían a clase en los últimos años de vida del pueblo. Doña Marí Luz de Zaragoza y doña Carmen de Barbastro fueron algunas de las últimas maestras en ejercer enseñanza aquí.
Se dio el caso de una maestra de Huesca que solo estuvo tres meses. No le gustaba el pueblo porque no había luz y en mitad del curso se fue.
Se solían alojar de patrona en Casa Trillo.
El último año que permaneció abierta ya solo asistía un niño a clase. Se abría por la noche para dar clases nocturnas a tres chicos jóvenes.




Porche de la escuela e iglesia.




Cementerio.




A un kilómetro del pueblo se encuentra la ermita de la Virgen de la Guardia. Restaurada. En el mes de abril se sigue celebrando una romería hasta aquí por los antiguos vecinos de Rocafort y gentes de los pueblos de alrededor.




Vista de Rocafort desde la ermita.

12 comentarios :

  1. Roberto Tartaj Marchlunes, 22 junio, 2020

    Hola Faustino,viendo las fotografías que nos ofreces,sobre todo la de 1997 tiene toda la pinta de ser un bonito pueblo italiano,en sus buenos tiempos tuvo que ser precioso,leyendo tu extensa y detallada información sobre el ,me ha llamado la atención lo de que las familias sólo tenían un hijo,a lo sumo dos,cosa extraña en aquella época,lástima que como siempre tuvieran que dejarlo para buscarse unas mejores condiciones de vida ya que como dices carecían de lo más esencial como la falta de luz,una pena,pués nada Faustino, un placer volver a disfrutar de tu completo y detallado Blog,un abrazo

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    1. Hola Roberto.
      Pues sí, cuando tuve frente a mí por primera vez este pueblo de Rocafort la mente se me fue a Italia y no sabría decir porqué, nunca he estado en aquel país, pero seguramente vi mucha similitud en esas galerías y ventanas de las fachadas con alguna imagen que viera en algún libro de edificios italianos.
      Pero a mí me dejó cautivado esa panorámica del pueblo que muestro en la fotografía del año 97.
      El pueblo estaba en mejor estado, todas las casas en pie y se podía transitar por sus calles. Lógicamente ya han pasado muchos años y el abandono y el olvido van haciendo estragos.
      Lo de las familias según mi informante me lo iba comentando caí en seguida en el detalle y me resultó muy curioso. Que de ocho familias que vivían en el pueblo ninguna sobrepasara de dos hijos me llamó mucho la atención pues no era normal en aquellos tiempos en el mundo rural cuando se daban bastantes casos de familias numerosas.
      Así es, otro pueblo más condenado al ostracismo porque el progreso no llegó.
      Un abrazo.

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  2. Qué arquitectura tan original la de este pueblo, y qué pena da ver su abandono. Ojalá algún día llegue a restaurarse, lo merece.
    Un abrazo

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    1. Cosas más raras se han visto Elías pero creo que este pueblo es ya irrecuperable.
      Y como bien dices con una arquitectura muy original y una estructura urbana única.
      Un abrazo.

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  3. Me quedo con su "tristeza por un lado y emoción por otro". Personalmente más tristeza. Pienso en las alegrías, sufrimientos e ilusiones de los antiguos habitantes y, en un momento de la historia: ¡Zas! Se acabó todo... Sí, ya sé que es la vida... Quizá porque me hago mayor me surgen esta clase de reflexiones.

    El artículo, cómo no, interesante, muy interesante.

    Saludos,

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    1. Es que son las sensaciones que se dan cuando uno está en estos lugares. Tristeza evidentemente por la decadencia galopante de los edificios y emoción porque estás viendo a la vez unas ruinas bonitas y estás imaginando mentalmente como sería la vida cotidiana en el lugar cuando estuviera habitado. Si ellos contemplarían la imagen lejana de Rocafort con la misma fascinación que lo hacemos ahora los visitantes.
      Me alegro que te haya gustado el reportaje.
      Gracias por dejar tu comentario.
      Un cordial saludo.

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  4. Qué lástima que la electricidad pasara tan cerca del pueblo (¡sólo a 1 kilómetro!) pero que por temas económicos no llegara a instalarse en él. Y qué rabia me da ver grafitis en los edificios; en todos, pero sobre todo en las iglesias. Lo odio...

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    1. La gente ya estaba con la idea de marchar y ni siquiera "el caramelo" de la luz eléctrica les hizo cambiar de opinión. Consideraron que era mucho gasto para un pueblo que iba en decadencia por la emigración.
      Lo de los grafitis no tiene nombre. No son validos en ningún sitio pero es que en los despoblados menos que en ninguna parte.
      Un cordial saludo.

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  5. Un reportaje fantástico Faustino, la documentación creo que no puede ser más precisa y las fotografías muy buenas, un 10.
    Un abrazo y salut.

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    1. Gracias Josep.
      Conté con un informante de primera categoría con lo cual pude elaborar un texto muy detallado.
      Las fotografías son buenas porque Rocafort es un pueblo muy fotogénico.
      Un abrazo.

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  6. Hola Faustino. Yo aun pude entrar en Casa Coll y ver su galería ahora derruida. Conservaba las persianas de malla metálica y madera que creo se ven en una foto de mi blog. La visión primera del pueblo siempre es impactante. Si vuelves debes visitar las eras. Un abrazo.

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    1. Hola Rubén. Hace años todo estaba mejor y se podía transitar mejor por el pueblo y acceder al interior de diversas viviendas.
      Yo también recuerdo haber entrado al interior de Casa Coll.
      Vi en varias ocasiones tu excelente reportaje sobre Rocafort del estilo de los que nos tenías acostumbrados en tu blog.
      Por muchas veces que se vaya a Rocafort siempre se quedará uno anonadado ante la primera visión del pueblo.
      Tomo en cuenta tu recomendación si hubiera una próxima visita a este despoblado.
      Un abrazo.

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