Distintas formas de mirar el agua

Sorprendente y peculiar narración la última novela de Julio Llamazares. Vuelve a tratar el tema de la despoblación como hiciera con su gran obra La Lluvia amarilla. Si en aquella el eje central sobre el que giraba el relato era la soledad en esta es el desarraigo. Desarraigo que sufre el protagonista de la historia, Domingo el cual fue obligado a dejar su pueblo (Ferreras) por la construcción del pantano del Porma en León (ver reportaje de Utrero). Instalados en su nuevo destino, un pueblo de colonización situado en Palencia, al que todos llaman la laguna (no se llega a nombrar su nombre en ningún momento) a base de trabajo y sacrificio en unas tierras improductivas al principio, logra sacar adelante a su familia y darle estudios a los hijos, pero a cambio de pagar una añoranza permanente, una personalidad hosca y huraña por el dolor que lleva dentro debido a la marcha de Ferreras. Una carga emocional que no supera nunca. No volvió nunca a visitar el lugar donde quedó sepultado su pueblo bajo las aguas, solo cuando le llegue la muerte querrá volver a Ferreras.
La muerte le llega al protagonista y toda la familia va a cumplir el sueño del difunto: llevar las cenizas del abuelo al lugar donde nació.
En procesión van desfilando todos los familiares hacía la orilla del pantano y cada uno va dando rienda suelta a sus reflexiones y pensamientos sobre el fallecido y sobre la situación que le tocó vivir.
Desde su mujer, pasando por sus hijos, nueras, yernos, nietos, novia de un nieto, todos van dejando su impronta a modo de recordatorio como si escribieran en un libro de condolencias en el funeral.
Cada uno expresa su opinión, su relación con el fallecido y comprenden a su manera el calvario que pasó Domingo por cambiar de "escenario" en mitad de su vida. Más afines su mujer e hijos y más alejados en la comprensión los de la tercera generación.
Salen a relucir las diferencias y rencillas que hay entre los distintos componentes de la familia y los lamentos que llegan tarde: "teníamos que haberlos visitado más a menudo" "nunca les expresé mis sentimientos hacía ellos".
Uno de los de la tercera generación apostilla con una frase que engloba a todas las personas que han sufrido el desarraigo; "Gentes que miran hacía el pasado en vez de mirar al futuro".

Al igual que en La Lluvia amarilla hay ausencia total de diálogos, personajes de ficción en un escenario real y el protagonista es un muerto, en el caso del personaje de Ainielle es él mismo el que relata su vida y en esta narración son los demás los que cuentan su vida.

Maravilloso y emotivo relato de Julio Llamazares narrado de manera original. Ha sabido encajar de manera sabia el tema de la despoblación y la emigración forzosa en medio de una sinopsis de familia.