La lluvia amarilla

¿Qué más se puede decir de esta joya de la narrativa actual que no se haya dicho ya?
Obra maestra sobre la despoblación, Julio Llamazares borda un trabajo antológico para reflejar los sentimientos y sensaciones del último habitante de un pueblo.
Escrito en forma de monologo, el autor conduce al protagonista de la obra por un callejón sin salida donde le irán saliendo todo tipo de adversidades: soledad, miedo, locura, hambre, alucinaciones, dejadez, muerte...
El personaje principal: Andrés de Casa Sosas vive en el pueblo de Ainielle en la comarca de Sobrepuerto (Huesca), primero en compañía de su mujer y luego tras el suicidio de esta en la más absoluta soledad en la que se encierra. Acaba por rehuir todo contacto con la gente y se aísla en un mundo irreal, donde no hay cabida más que para la soledad y el recuerdo y donde el protagonista visto que su pueblo ha muerto ya solo espera una cosa: su propia muerte.
No hay un mínimo momento para la alegría en toda la obra, los recuerdos son siempre tristes, el final de los familiares también y la perspectiva de lo que le espera al protagonista más aun.
Todo le sale mal al personaje de la novela y sus esperanzas de que el pueblo y la casa siguiera con vida se vienen abajo cuando el hijo les anuncia la marcha hacia la emigración. Pasaje este del libro relatado de una manera conmovedora, pero es que toda la obra es conmovedora, relatada de una manera magistral, describiendo muy bien los detalles y los sentimientos y dando un pequeño halo de misterio al suceso que el autor va a contar a continuación.
Libro de obligada lectura para todos los amantes de la despoblación. En mi caso particular ya va releído más de siete veces. El relato te atrapa aunque sepas el desarrollo.

Contraportada del libro.