Izagaondoa. Memoria de un valle


Izagaondoa. Memoria de un valle, no es un libro que trata por entero de la despoblación, pero si parcialmente, puesto que de los trece pueblos que forman este valle navarro, cinco están deshabitados (Beroiz, Guerguitiain, Izanoz, Mendinueta y Urbicain).
Mi buen amigo Fernando Hualde me mandó un ejemplar de este libro a sabiendas de que iba a hacer diana conociendo mis gustos, porque aparte de tratar de los despoblados, el libro busca el lado humano de los habitantes que en Izagaondoa vivieron en el siglo XX.
Lo que Fernando lleva haciendo durante muchos años por toda Navarra, lo ha traspasado a su libro, recoger el testimonio oral de la gente mayor de los pueblos navarros para así de esa manera salvaguardar su memoria antes de que sea demasiado tarde.
El libro está dividido en dos partes; en la primera recoge los artículos que tratan sobre el valle de Izagaondoa de los más de mil que ha escrito durante años en el Diario de Navarra, con especial mención al estado de abandono de la iglesia románica de Guerguitiain, durante varios artículos estuvo Fernando dando la murga para que las administraciones tomaran cartas en el asunto y no dejaran caer esta joya arquitectónica. También Beroiz y Urbicain tuvieron sus correspondientes artículos.
En la segunda parte, a través de diversos objetos conservados en algunas casas del valle hace una crónica de la vida cotidiana y costumbres de los pueblos del valle.
Así por medio de un laúd, hace un recorrido por las fiestas patronales de cada pueblo, rememoradas por sus antiguos vecinos; por un cuaderno escolar nos transporta a las escuelas que había repartidas por el valle, contando con el testimonio de los que por aquel entonces eran niños en edad escolar; por una talla de un criadico (imagen más pequeña de San Miguel) nos lleva a presentar como se vivía en todo el valle la romería a la ermita de San Miguel de Izaga; por una pala de horno de pan nos evoca los tiempos de amasar y cocer el pan, donde cada persona cuenta la manera y costumbre que había de hacer el pan en cada casa o pueblo, y así hasta un total de nueve objetos que dan pie a conocer más a fondo como era la vida en Izagaondoa.
Como todo lo que lleva haciendo durante años el incansable Fernando, un trabajo digno de admiración.
Un libro muy ameno de leer, se devora con deleite, pues el autor deja que sean los mayores los que cuenten sus testimonios con el valor sentimental y emocional que eso supone, si encima de ello conocemos un poco más sobre los cinco despoblados del valle pues hay que darle el reconocimiento que se merece.

Contraportada del libro.