El pueblo que se vendió


El triste final que tuvo el pueblo de Bastarás (Huesca), vendido y enjaulado (vallado), tan de moda en los deshabitados de hoy día, le sirvió a Alfonso Zapater de inspiración para desarrollar su novela.

La trama se sitúa en el imaginario pueblo de Urbecia, pueblo que ha sido comprado por una sociedad de cazadores y de donde marcharon todos sus vecinos menos Damián -el solitario de Urbecia- que aunque vendió su casa como el resto de sus convecinos, no quiso marchar y se quedó en el pueblo usufructuando sus bienes y los sitios donde había permanecido toda la vida.
Entre recuerdos de los últimos once habitantes del pueblo y las añoranzas de amores que se fueron, discurre la monótona existencia de Damián, acompañado del guarda de la finca, vida rutinaria solo rota por la presencia diaria de la tía Micaela que quiere recuperar los huesos de su difunto marido, enterrado en el camposanto.
Todo ello llevará a un trágico final, dando un giro a la trama y rompiendo los planes de futuro del protagonista que soñaba con devolver la vida al pueblo de Urbecia.


Contraportada del libro.