Entrevista a... Marisancho Menjón

La escritora Marisancho Menjón comenta para PUEBLOS DESHABITADOS la injusticia cometida con el pueblo de Jánovas y la problemática de la desaparición de los pueblos a consecuencia de los pantanos.

Nacida en Tauste (Zaragoza). Licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad de Zaragoza. Trabaja en diversas publicaciones y proyectos culturales. Es autora de una docena de libros de divulgación sobre la historia, el arte y la cultura aragoneses.



Si ha habido un caso bochornoso y lamentable en la relación de pantanos-pueblos ese es sin lugar a dudas el de
Jánovas (Huesca). En este libro Marisancho Menjón nos hace un relato pormenorizado de como se desarrolló toda la trama durante todo el siglo XX, desde que se proyectó hacer el embalse hasta que al final se desechó la idea. Multitud de datos y fechas, intercalados con opiniones y entrevistas de los afectados hacen de este libro una lectura imprescindible para saber lo que ocurrió. Se incluyen además opiniones de otros afectados por pantanos en Aragón.




¿Por qué el escribir sobre Jánovas?
Quise escribir sobre Jánovas cuando supe que el pantano ya no se haría. Yo no conocía mucho la zona, pero recuerdo que en los años 80 me impresionó su estampa al atravesar la carretera que va de Boltaña a Fiscal. Que no se hiciera el pantano era una buena noticia, pero también imaginaba la sensación de vacío, de sinsentido, que suponía para los antiguos habitantes de la zona el haber vivido aquel drama, haber sido expulsados de sus casas, haber visto cómo se destrozaban sus pueblos, para que al final todo aquello no hubiera servido para nada. Tanto sufrimiento, finalmente, no había tenido un porqué... Me parecía terrible.



Familia Garcés Castillo contra Iberduero = David contra Goliath.
La resistencia de los Garcés Castillo frente a Iberduero, y frente a la Administración también, no lo olvidemos, fue realmente épica. La diferencia es que la historia de David y Goliath es breve, mientras que la suya fue larguísima, sostenida durante décadas, y que además padecieron la incomprensión de todo el mundo. Nadie entendía por qué no se marchaban, por qué no daban su brazo a torcer. Eso hace su pelea mucho más digna y admirable. Y aunque no vencieron, porque aún la historia no ha acabado y el final feliz está todavía por llegar (o así lo esperamos: llegará el día en que Jánovas vuelva a ser un pueblo vivo), hace ya tiempo que se les reconoció de manera unánime que eran ellos los que tenían la razón.



Mil personas desplazadas, diecisiete pueblos vacíos, una comarca entera fracturada, ¡impresionante! ¿Cómo se repara este daño?
El daño hecho es imposible repararlo. Por un lado, porque no son cosas que se paguen con dinero, no se pueden calcular ni cuantificar. Por otro, porque nadie está acostumbrado a pedir perdón ni sabe cómo hacerlo en un caso así. Pero lo peor de todo es que tampoco parece que haya nadie dispuesto a planteárselo siquiera. Yo terminaba el libro de Jánovas diciendo que se les debía una disculpa histórica, porque creo que la merecen absolutamente, pero ahora ha llegado el momento de la reversión y, lejos de tratar de compensarles de alguna manera por todo el daño causado, ni siquiera se les reconoce nada, sino más bien todo lo contrario: se les pide que paguen por su tierra y sus casas deshechas hasta treinta y tres veces lo que les dieron al expropiarlos. O sea, se les vuelve a causar, al fin, un daño más.



Cerraron la escuela, dinamitaron las casas, cortaron el agua, denunciaron si alguien metía ganado en fincas expropiadas
¿quedaba alguna coacción psicológica más para los que aun continuaban en el pueblo?

Con la gente de estos pueblos (no hay que olvidar que también se vaciaron a la fuerza Lavelilla y Lacort, y varios pequeños pueblecitos más del valle de la Solana) no se tuvo ningún miramiento ni compasión. Cuando hablaba con ellos, me expresaban la imposibilidad de transmitir todo lo que habían sufrido, todo lo que les habían hecho. "Hija mía, esto si no es el que lo vive no se puede saber", me decía Francisca. Cuando, después de meses de revisar papeles y documentos, iba empezando a vislumbrar lo que fue aquello, me daba cuenta de hasta qué punto lo que me decían era cierto: no se puede resumir, no se puede contar. Fue un maltrato constante, sin tregua, durante años. Solo hay que pensar que, en el boletín oficial en que se declaraba la obra del pantano como "de utilidad pública", en 1956, se hablaba de los habitantes de esta zona como "población sobrante". ¡Población sobrante! Partiendo de esa forma de ver las cosas, cabe imaginar lo que vino después. Tienes que irte, aquí sobras, y si no quieres hacerlo es que eres alguien cerril y egoísta, y por tanto yo tengo todo el derecho del mundo a hacerte la vida imposible. ¡Es que, por encima de todo, se les veía así!



La gente no vale nada.
"La gente no vale nada" es lo que me dijo Francisca Castillo, esa mujer valerosa y entera, que aguantó con su marido, el gran Emilio Garcés, veinte años sola en Jánovas, como resumen de toda esta tremenda historia. Y pienso que acertó plenamente: todo se resume en eso. Tanto Iberduero como Endesa y como la Administración (la CHE, la Comisaría de Aguas, el Estado, las administraciones regionales y locales, ahora el gobierno autonómico) han tenido en cuenta muchos factores, vinculados al poder y al dinero, a lo largo de las muchas décadas que ha durado y dura todo lo relacionado con este proyecto de embalse; pero nunca jamás han tenido en cuenta a la gente, a las personas. A la vista está.



De rebote, los pueblos de La Solana salieron perjudicados.
Bueno, entraban dentro del proyecto. No es que fuera "de rebote", sino que era una parte más de las obras necesarias: aquella ladera había que repoblarla para evitar la colmatación del pantano con el arrastre de tierras por el efecto de las lluvias. No se necesitaba gente, se necesitaban pinos, así que la gente fue fuera. Así de sencillo. ¿Hay que recordar que "la gente no valía nada"?



Era terrible la situación para los afectados, porque hasta para elegir el lugar hacia donde marchar era una odisea.
Bueno, la mayor parte de la gente se marchó a Barcelona. Los primeros iban abriendo paso y los demás acudían a su calor. También hubo otros que fueron a Huesca, a Zaragoza... Solo unos pocos se quedaron por la zona. La idea que imperaba en aquella época, porque la imponían los intereses de los de arriba, era la de que vivir en los pueblos era un atraso. Y la gente por lo general marchaba a la ciudad, donde había oportunidades de trabajo.



El desarraigo era brutal, sobre todo en las personas mayores.
La gente mayor, efectivamente, fue la que más sufrió la marcha. Es una sensación de desamparo absoluta. Los jóvenes, aunque también lo pasaron muy mal, lógicamente, tenían la necesidad de construirse un futuro y la fuerza para hacerlo. Pero los viejos, no. Sacarlos de su casa, que sabían que iba a ser destruida o abandonada hasta que se arruinara, de su entorno que iba a perecer bajo las aguas, y llevarlos a las cuatro paredes de un piso en la ciudad fue un golpe del que no pudieron recuperarse, y que a algunos llevó a la tumba de pura tristeza.



Si dura era la emigración voluntaria más aun lo era la forzosa.
Es terrible, porque sabes que no dejas atrás a tu familia, tu gente y tu pueblo para poder volver algún día, sino que lo que dejas es un lugar fantasma que el tiempo irá desmoronando y al que no podrás volver jamás. Es un hachazo tan drástico de tus raíces que la herida jamás se cura.



Labordeta ya venía poniendo su voz para expresar su queja contra los pantanos (la excelente canción Carta a Lucinio es un buen ejemplo)
Labordeta conoció la historia y se implicó en ella muy pronto. Fue una de las primeras personas que comenzó a cambiar el punto de vista de la gente hacia estos temas.



Había más prisa por expropiar a los vecinos que ahora por la reversión de las casas.
La prisa por expropiar a los vecinos nunca fue explicable: había tantas dudas sobre si convenía o no hacer el embalse que lo de echar a la gente de esa forma solo puedo explicarlo como un ensañamiento cruel. Nunca se echa a la gente de los pueblos antes de hacer la obra, ni menos con aquellos métodos. En aquel caso hubo pura y simple crueldad.



Perjudicar a unos pocos para favorecer a muchos, ¿es justo y entendible?
No, rotundamente. Porque existen alternativas.



Es que estamos en el siglo XXI y siguen muriendo pueblos por los pantanos ¿cómo puede ser esto?
Por inercia. Las grandes obras hidráulicas actualmente no son viables, hace mucho que dejaron de serlo, pues lo que se arruina no compensa los previsibles usos a los que se pretende destinar el agua. La prueba está en que hay varios pantanos en España que están hechos recientemente y no se usan, entre otras cosas porque los supuestos beneficiarios no pueden pagar la parte que se les repercute en el agua que podrían recibir. Yo conozco en Aragón y Navarra, los casos de El Val (en el pueblo de Los Fayos) e Itoiz, terminados hace años y que no han entrado en servicio; pero hay otros, como Riaño, que no han servido para casi nada. Han causado el daño pero no han otorgado los beneficios previstos. Por eso es cada vez más difícil sostener el empeño por llevar adelante estos proyectos monstruosos: la realidad se impone.



Algunos casos han acabado medio bien como puede ser el de Lanuza, pero ahí siguen Tiermas, Esco y Ruesta por ejemplo.
El caso de los pueblos vaciados por el embalse de Yesa es paradigmático de la tristeza. Tiermas se vendió a Sigüés y los antiguos habitantes no han podido recuperar las casas. En Sigüés aprovecharon las tierras, pero el pueblo ahí sigue. Ni lo recuperan ellos ni dejan que lo recuperen los viejos vecinos de Tiermas. Es penoso. Pero no es, ni mucho menos, el único caso. Aunque también hay ejemplos esperanzadores: Saqués, por ejemplo, enfrascado ahora en el ilusionante proceso de volver a la vida.



¿Y el futuro de Janovas, Lacort y Lavelilla? ¿No van a perder demasiado su identidad rural con el nuevo desarrollo urbanístico que se pretende hacer para ellos?
Ese es el temor que tienen los antiguos vecinos. Se está invirtiendo mucho (o eso se dice, porque a la zona me temo que no ha llegado ni un euro todavía) en planear el "desarrollo sostenible" del entorno de Jánovas, pero no se avanza en la reversión: es la historia al revés, es la casa por el tejado. Yo confío en que no será así porque hay varias familias de Jánovas que no van a consentir un nuevo atropello. Y aunque se trabaja al margen de los antiguos vecinos, ellos no se van a quedar al margen jamás. Jánovas tuvo y tiene gente luchadora con mucha dignidad.



Bueno Marisancho, muchisimas gracias por expresar tu opinión sobre el tema de los pantanos y la despoblación, y por el magnífico libro que nos has ´´regalado`` a los lectores para saber la historia de Jánovas.
Yo estoy encantada de que me hayas invitado a participar en este blog, de verdad, muchas gracias. Me honra estar aquí y me alegra poder contribuir a difundir la dramática historia de Jánovas, porque el silencio es lo que mata la esperanza. Conozcamos todos la historia, pongámonos del lado de los buenos, no apoyemos con nuestro silencio al poderoso que les pisa el cuello. Esta historia, lo digo de nuevo, todavía no ha terminado, y como diría Labordeta, "habrá que empujarla para que pueda ser".

13 comentarios :

  1. Sin tu permiso, y por conocer personalmente a Inde he copiado un par de preguntas de la entrevista y el resto, los dirijo a este blog.
    Saludos

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    1. Ningun problema amigo, ayudas a difundir la entrevista de Marisancho.
      Saludos.

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  2. Me ha emocionado.
    Cómo no me voy a emocionar?
    En Lanuza tenemos el pantano a los pies del pueblo ocupando las mejores tierras. Hemos vuelto a base de coraje y desafiando todos los obstáculos que han sido muchos, son y serán, porque todo se ha rehecho con nuestras propias manos. Ojalá en Jánovas tengan más suerte y les ayuden.

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  3. Buena entrevista Faustino. Y gran libro el de Marisancho, por cierto...
    Muy recomendable y muy fácil de leer.
    Un saludo.

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  4. Muy interesante esta entrevista. La gente no es que no valga nada. Es la gente de las zonas rurales y apartadas la que no vale nada. Se construyen pantanos de los que no se benefician, centrales nucleares, ahora parques eólicos, ferrocarriles, autovías, líneas de alta tensión... Son las poderosas grandes ciudades y las zonas más pobladas las que obtienen el beneficio. Hay una regla que dice: la ciudad explota al campo y el llano a la montaña.
    Un saludo,
    José Luis

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  5. Me parece buenísima la entrevista, es terrible lo que debieron de pasar esta gente, porque además como bien dices es un daño incomprendido por todo el mundo y esa sensación de sentirse solo de que nadie te comprende y que si alguien te apoya lo hace en silencio, sabiendo que tienes toda la razón es dolorosa. Desde luego la sensación que siempre ha habido es que los pueblos y su gente han sido un estorbo cuando había que hacer algún proyecto que les implicaba a ellos o a sus tierras, eran un estorbo pero además un estorbo que da sensación de fragilidad y ante el cual se sentían ganadores de antemano.
    Fernando.

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  6. Que triste debe de ser que te quiten tu casa y tus tierras para hacer un pantano.
    A mi suegro le he escuchado muchas veces hablar sobre el pantano de Mansilla aquí en La Rioja, él se encontraba allí en el momento en el que desalojaban a sus vecinos y comenzaron a inundar el pueblo. Con sólo ver la expresión de su cara cuando lo cuenta, para mí es suficiente para saber lo que debieron de sufrir esas gentes.
    Paca

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  7. Los mañicos de Boquiñenimartes, 01 enero, 2013

    Guapa Marisancho.
    La mejor.

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  8. No le quito ni una coma a la entrevista ,creo que resume todo lo que pienso al respecto;lo malo es que no espabilan los politicos de las ciudades(y las electricas),y siguen erre que erre.Un entrañable recuerdo para la familia que fue capaz de aguantar la presion de los poderosos con esa tozudez aragonesa de saber que defendian lo suyo;A veces la verdad triunfa.

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  9. Me ha encantado leer la entrevista.
    La verdad que es de esos libros que merece la pena leer.
    Sin duda el esfuerzo de los habitantes de Jánovas y su lucha debe ser reconocida, así como la injustacia que se cometió con ellos. Auqnue el pantano esté desestimado su lucha sigue, ahora para recuperar sus tierras y sus casas. Janovas No Rebla!
    Un saludo Fautino.

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  10. Magdalena Martínezviernes, 27 diciembre, 2013

    Estupendo reportaje, Muy valiente Marysancho: por hablar, por divulgar el sentir y los sufrimientos de los afectados así como las injusdticias, la sinrazon y lo absurdo con que se sigue actuando.por parte de los que mandan. Es verdad que "el silencio es lo que mata la esperanza."
    La crueldad se repite. Este año, la CHE ha actuado de un modo parecido al de Jánovas con la aldea de Las Ruedas de Enciso. por el proyecto del pantano del Cidacos, que si está comenzado, pero paralazidas las obras. Nos han echado del pueblo, sin ninguna justificación puesto que las obras no están terminadas, y es posible que nunca se acaben.
    Soy afectada, no puedo ir a mi casa y desconozco lo que me ofrece la CHE, es caótico. Al igual que Jánovas, Las Ruedas de Enciso no tenian que haber sido víctimas de esas locuras.

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  11. No se si te llegara, pero si te llega, yo estoy de acuerdo en que hay que hacer pantanos, obras hidráulicas, pero antes ver donde se puede hacer, hacer un buen estudio de la zona donde se va a hacer, mirar si hay pueblos cerca para no cargárselos, vamos, USAR LA CABEZA Y NO PARA LLEVAR SOMBRERO, NI PONERSE TUBOS, NI HACERSE TIRABUZONES.

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