Entrevista a ... José María Satué

El escritor aragonés José María Satué Sanromán ofrece sus impresiones para PUEBLOS DESHABITADOS sobre el tema de la despoblación en general y más concretamente de la comarca de Sobrepuerto.



Nacido en Escartin (Huesca), en Casa Ferrer en 1941. Maestro de profesión, enamorado de la tierra donde nació y de la que tuvo que marchar con su familia como hicieron las gentes de Sobrepuerto al completo, se dedicó durante años a recuperar la cultura tradicional de su tierra (costumbres, modos de vida y su habla) a través de media docena de libros:
- Vocabulario de Sobrepuerto.
- Semblanzas de Escartin.
- Sobrepuerto, naturaleza en silencio.
- Alredor d´a chaminera.
- ¿Qué feban dinantes en un lugar d´o cobalto d´Aragón.
- Memoria de un montañés.
- Zien semanas de Carasol aragonés /Edición digital del Estudio de Filologia Aragonesa, Academia de l´aragonés).
Además de publicar numerosos artículos en la revistas Serrablo, O Zoque, Xenera, Esparvero y el periódico Heraldo de Aragón (Carasol aragonés).

Excelente libro sobre la vida y posterior agonía del pueblo de Escartin visto a través de los ojos de la familia de Casa Ferrer. Reflexiones de las tres últimas familias que aguantan en el pueblo que en principio son contrarias a marchar pero que terminan por aceptar que ya no es posible seguir viviendo en el pueblo de sus antepasados. Las modernidades que había en las ciudades no llegaban a Escartin. El dramático momento de cerrar la puerta de la casa y la incertidumbre ante lo que se vayan a encontrar en la nueva vida marcan un punto importante en la narración así como la adaptación a la vida en Huesca donde van descubriendo poco a poco la diferencia tan abismal que había entre la vida en el pueblo y la ciudad en forma de servicios e infraestructuras. El autor toma como base las memorias que empezó a escribir su padre para continuar un relato duro y triste sobre los últimos en abandonar el pueblo y su posterior adaptación a la nueva vida, refleja como ya viviendo en la capital se siguen reuniendo los antiguos vecinos de Sobrepuerto en las tardes de domingo sentados en los bancos de los parques para rememorar sus andanzas de antaño en los pueblos.

Fantástico libro (agotado actualmente) sobre la comarca de Sobrepuerto, donde hace un repaso muy detallado de todos los pueblos que conforman el lugar, con los nombres de todas las casas y de sus últimos habitantes así como los nombres de términos y partidas de sus montes y campos, además de itinerarios de senderismo por la comarca.


El libro “Memoria de un montañés” ha tenido una muy buena acogida por los lectores, ¿por qué cree usted que interesa el tema de la despoblación a la gente más de lo que pueda parecer?
Creo, sinceramente, que la buena aceptación de este libro se debe a dos razones: la primera, porque la emigración del medio rural a las ciudades, dejando deshabitados los pueblos, ha calado mucho entre los aragoneses, por la incidencia que ha tenido en tantísimas familias; y la segunda por ser contado en primera persona, con las propias vivencias, por alguien que vivió el problema en directo.


“Ya con los machos en la calle, mi hijo mayor entornó una hoja de la gran puerta. Yo volví la otra e hice girar por dos veces la llave, y aún la empujé para comprobar si quedaba cerrada”... Tiene que ser impresionante las sensaciones que produce cerrar la puerta de la casa, donde uno ha vivido toda la vida, para siempre y marchar rumbo a lo desconocido.
Es la parte más dramática del libro, no encontraba las palabras adecuadas para describir esa vivencia, sencillamente porque no hubo palabras, sólo pensamientos… Cabizbajos, calle abajo, en fila, en aquella mañana brumosa… ¡Atrás quedaba toda una historia, que ya no tendría continuidad!. Y no olvidemos la aventura que se veía delante, sobretodo los mayores.


La abuela Serafina es la que más ganas tenia de marchar, algo inusual pues normalmente los más mayores eran los más apegados a la casa y a la tierra, aunque luego en Huesca capital es la que más la costó adaptarse a la nueva vida.
Verdaderamente llama la atención, pero así era. La abuela Serafina –mi querida abuela-, fue un prototipo de mujer trabajadora, sacrificada, que tenía que ingeniárselas mucho para dar de comer a toda la familia. Había pasado muchas ‘estrecheces’, como toda su generación y tenía una ilusión muy grande por empezar una nueva vida, con más medios y servicios.


“No le importamos a nadie, solo nos invitan a marchar”...
En las tertulias (veladas, fuentes) ‘flotaban’ los sueños de los vecinos: “Al menos nos hiciesen una pista transitable para ir al médico, nos trajeran la luz eléctrica, nos hiciesen un puente”… Pero ningún servicio llegaba…, los caminos se abrían de par en par para marchar.


“Prohibido enfermar”, la frase lo dice todo.
Así de cruda era la realidad. Por caminos y sendas, a 3 ó 4 horas del médico (de Medicina General) y de la farmacia, a 6 horas del ‘sanatorio’ de Boltaña…, cuando alguien se ponía enfermo, tenía que encomendarse a todos los santos del cielo para sobrevivir.


Ir a Tierra baja de pastor y al servicio militar era todo un acontecimiento para los jóvenes que apenas conocían mundo más allá de su pueblo.
En los pueblos de la montaña, el mundo prácticamente terminaba en los confines del horizonte, sólo se conocía el entorno próximo, la ‘redolada’. Por eso salir con el ganado a la Tierra Baja o a ‘cumplir’ el servicio militar (no digamos si se iba a las posesiones de África), suponía una aventura para los jóvenes.


Maquis, contrabandistas, lobos, osos, etc, era riquísima la tradición oral que aprendían los niños en las veiladas.
Son unas vivencias difíciles de comprender hoy día, con los medios audiovisuales, pero en la época eran inquietantes, temibles... A los niños se nos salían literalmente los ojos oyendo contar aquellas historias, a veces vivencias, a las personas mayores. Veíamos bailar las brujas y demonios sobre las llamas del fuego…


Sobrepuerto, “nueve meses de invierno y tres de infierno”.
Todos los pueblos estaban a más de mil m. de altitud (de Bergua, a 1033m, hasta Otal, 1465m.), los inviernos eran fríos y largos (la nieve duraba al menos 3 meses), los veranos eran cortos y frescos. Los “3 meses de infierno” se referían al intenso trabajo que había en el verano: pastoreo, siega (de la hierba, de los cereales), trilla, riego de los huertos, siembra, etc… Todos los ‘brazos’ eran necesarios para tantas faenas.


Defina con una frase breve estos pueblos de Sobrepuerto:

Escartin.- En lo alto de un cerro, abierto a todos los aires.

Otal. –Entre Pelopín y Erata, a la sombra de San Benito.

Ainielle. –Ayer humilde lugar, hoy el más visitado.

Basarán. –Balcón de Sobrepuerto, enfrente los Pirineos.

Cortillas. –El mayor de los lugares, asomado al barranco de La Valle.

Bergua.-El pueblo que murió y volvió a resucitar.


¿Una carretera hubiera salvado a Sobrepuerto o la gente se habría marchado de todas maneras?
La mayoría de la gente se habría marchado de todas maneras, pues los centros fabriles, los regadíos y las ciudades, eran un atractivo muy fuerte. Pero estoy seguro de que con una ‘pista transitable’ se hubiesen quedado unos cuantos en cada lugar, los más reticentes a irse, los más mayores.


La gente no entendía que ellos se marcharon de sus pueblos por carecer de todo y se instalaran allí hippies venidos de la ciudad, donde si había de todo, como fue el caso de Bergua.
Cuando íbamos a visitar nuestros pueblos y nos encontramos con gentes venidas de fuera, sin ninguna relación con la tierra, no lo podíamos comprender. Los más mayores decían “¡qué habrán visto éstos por aquí que no conozcamos nosotros?”… No podíamos entender que ellos ya ‘estaban de vuelta’ de la vida que comenzábamos nosotros.


Los carteros era otro de esos gremios poco valorados y es que aparte de recorrer largas distancias casi siempre andando para llevar la correspondencia, eran algo más ¿verdad?
A los carteros sí que se les valoraba en Sobrepuerto, no sólo por llevar la correspondencia y los temibles telegramas, sino porque eran portadores de recados y noticias entre los pueblos y el exterior, como los arrieros, los tratantes y tantos artesanos itinerantes que pasaban por allí.


El expolio nada más marchar la gente fue brutal.
Aquellos pueblos estaban lejos de la civilización, con penosos accesos para los nativos, pero no fue así para los ‘amigos de lo ajeno’. Los expoliadores actuaron sin piedad llevándose todos los objetos que no pudimos ‘cargar’, sin respeto ni escrúpulos: cruces de cementerio, rejas, barandillas, cerrojos, tinajas, cocinillas, ventanas, tarimas… Hasta la pila bautismal de Escartín (románica, siglo XII) desapareció en 1980.


Visto desde fuera el sistema de la herencia que se daba en el Pirineo, en el que heredaba todo el varón mayor de la casa podía parecer muy cruel, pero hay que entender que se buscaba la continuidad de la casa y el linaje.
Visto desde la perspectiva actual parece injusto, pero era el único sistema para mantener la integridad de la casa, como institución. Además el heredero quedaba obligado a mantener a todas las personas de la casa (alimento, vestido, salud) no emancipadas, como los ‘tiones’, hermanos solteros, a cambio de su trabajo.


¿Qué proyectos hay para Sobrepuerto en el futuro?
Actualmente hay un proyecto del Gobierno de Aragón de convertir el territorio de Sobrepuerto, junto con el macizo de Santa Orosia-Oturia, en “Paisaje Protegido”. Los que allí nacimos y los descendientes vemos la posibilidad de que ‘vuelva a salir el sol’ en las queridas tierras de Sobrepuerto, aunque sea con otras realidades.


Bueno José María nada más y muchisimas gracias por habernos acercado un poquito más a Sobrepuerto.
Para mí es un honor dar a conocer, una vez más, a Sobrepuerto, mi tierra natal. Una tierra que invito a visitar para contemplar las muestras de arquitectura rural (en piedra seca), la iglesia románica de Otal, restos de otras iglesias y ermitas, algunas huellas del hombre (abancalamientos, pasarelas, caminos), amplios panoramas y paisajes, geología, gargantas y barrancos. Sobrepuerto tiene un ‘embrujo’ especial, impresiona.

5 comentarios :

  1. Lei hace un tiempo el libro de "Memorias de un montañes"... La verdad es que es impresionante leer la realidad tan dura que tuvieron que vivir...

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  2. Que entrevista mas buena, tanto por el que pregunta como por el que responde, enhorabuena a ambos por acercarnos un poco la historia de estos pueblos. Los carteros de estos pueblos en esa época se merecen un monumento. Me imagino a los niños pegados a la chimenea de la casa escuchando las historias de los mayores y me da muchísima envidia, por no haber podido vivir esa época. Un saludo

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  3. Hola

    yo también he estado en Sobrepuerto y me impresionó mucho. Fuimos andando a Otal desde el puerto de Cotefablo. Fue una excursión impresonante. Dura por el calor, bella por las vistas, impactante por la vista de Otal, a unos 1.500 metros de altura, con su inmenso abancalamiento. Recorrimos las calles, nos hicimos fotos... observamos los restos de la vida cotidiana.

    Después he conocido a una persona que fue maestra en Otal. Me describió la situación, en los años finales del pueblo habitado. Muy dura, la verdad.

    Yo volveré a esta bella comarca aragonesa.

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  4. Se nota que este hombre esta enamorado de su pueblo por la gran cantidad de libros que ha escrito sobre él, por lo que le felicito publicamente. Me gusta mucho la idea que tienes de intercalar entrevistas con los reportajes de los pueblos, le dan una novedad diferente.
    Mucho animo con el gran trabajo que tienes por delante con este blog, hace un año tuve la idea de hacer uno parecido, pero hay que dedicarle mucho tiempo y ganas a ello por lo que desisti. Hay que valorar el inmenso trabajo que hay detras de este blog y las horas dedicadas a ello, con el paso de los años aun tednra mas valor.

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  5. Hola, quisiera contactar con José Maria Satué Sanromán, mi bisabuelo Vicente Satué Ramón (1839Otal-1913Huesca) era hermano de su bisabuelo. Correo se4bfuentes@yahoo.com

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