Entrevista a... Abel Hernández.

El escritor Abel Hernández, autor del magnífico libro Historias de la Alcarama cuenta sus impresiones sobre el tema de la despoblación para PUEBLOS DESHABITADOS.


Abel Hernández (Sarnago, Soria, 1937) es periodista de dilatada y reconocida trayectoria, a lo largo de la cual ha colaborado con numerosos medios escritos. Ha ocupado en varios de ellos puestos de alta responsabilidad, y ha sido uno de los columnistas más reputados de España. Es autor de varios ensayos de temática política.



Historias de la Alcarama es un excelente documento literario de tiempos pasados que ya no volverán, donde el autor nos va desgranando en 40 capítulos recuerdos de su infancia en un pueblo de la España de la posguerra, donde a pesar de las dificultades para sobrevivir la gente tenía otro sentido de la vida, más humano, más sencillo y más solidario que el de hoy. Nos habla de la casa, de la escuela, de la matanza, de los abuelos, del invierno, de las fiestas, de los días de mercado, de los personajes que van apareciendo por el pueblo (buhoneros, esquiladores, capadores, cobradores de impuestos, etc.), de las tardes pasadas junto a la lumbre escuchando toda la familia a su madre recitar el Quijote, de como cualquier incidente por muy simple que fuera era todo un acontecimiento para el pueblo, finalizando con un capitulo hacia el ultimo vecino que cerró con llave la memoria y el pasado de Sarnago.


¿Por qué el libro está dirigido a su hija en vez de hacerlo directamente al lector?
Sara es mi hija pequeña. Cuando empecé el libro, acababa de llegar a la Universidad. Hablar con ella en forma de cartas, era mucho más que un legitimo recurso literario. Era un intento serio de hacerla depositaria de las memorias de mi infancia y de una cultura -la cultura rural- que moldeó mi vida y que estaba a punto de desaparecer. Los mayores debemos transmitir a nuestros hijos y nietos la herencia cultural evitando que se rompa la cadena de la tradición. Sara es inteligente, adorable y receptiva. Lo comprendió perfectamente, y ahora ama el pueblo y la tierra.


A mí me parece como si quisiera hacer un homenaje a la riquísima tradición oral transmitida durante generaciones de padres a hijos y de abuelos a nietos, que ya está en trance de desaparición.
Sí, es un homenaje en vivo a esa enriquecedora, mayéutica, tradición oral, que ha enlazado a las distintas generaciones y que nunca debería perderse.


Aunque sea una obra de una comarca concreta, todas las personas del mundo rural que vivieron esa época se pueden ver reflejadas en el libro.
Mi mayor satisfacción con este libro es que, por los innumerables testimonios recibidos, no ha quedado en una crónica localista. Por eso puse en el frontispicio del mismo la frase de Miguel Torga: "Universal es lo local sin paredes". Yo he procurado no encerrarme en un corralito. Emocionan las reacciones de la gente de distinta edad y condición. Incluso he recibido mensajes entusiastas de fuera de España. Sí, creo que reflejo un fenómeno universal, en el que está en juego la relación del hombre con la tierra.


¿Me quieres decir que mundo es este en el que se despuebla el paraíso? Excelente esta pregunta que le hace a su hija.
Hay muy poco que opinar en esto. Está dicho todo. Todavía son hoy -hasta que los estropeen del todo- más habitables, en el sentido profundo del término, los pueblos que las ciudades. Allí las condiciones para la felicidad son más claras. Y hay rincones abandonados que son verdaderos paraísos. ¿Pero es que los seres humanos nos hemos vuelto locos? Yo no tengo respuesta.


Queda la belleza esencial de las ruinas, que encierran el alma invisible de los pueblos abandonados. (Magnifica frase). ¿No cree usted que los pueblos abandonados dependiendo de los ojos con que se miren, tienen un encanto mágico y una belleza especial, pues el visitante se encuentra el pueblo tal como era?
Hace poco visité Pompeya, la ciudad destruida por el Vesubio. La visitan constantemente miles de personas. Impresiona recorrer sus calles, tal como eran hace 2000 años, y entrar en sus casas. Los pueblos abandonados de nuestra tierra son nuestra "Pompeya" particular. (Destruidos por el volcán de la mala política) La gente visita las ruinas por su belleza pintoresca y porque nos conducen al alma de los pueblos, es cierto. Pero a algunos nos producen melancolía.


La vida se puede vivir hacia delante, pero solo se entiende hacia atrás
O sea, si no se sabe de dónde se viene, mal se puede saber adonde se va. De ahí el atolondramiento que se observa hoy en una parte de la juventud urbana.


Usted le dedica un capítulo al último vecino. ¿No le parece que todos los últimos vecinos de cada pueblo que se muere, merecerían un reportaje, un reconocimiento o un homenaje? Ellos ven marchar a la demás gente, ellos tienen que convivir solos cuando antes lo han hecho con mas personas y ellos echan la llave al pueblo cuando se van.
Todos los que se vieron obligados a cerrar la puerta de su casa -el centro de la vida de muchas generaciones- y abandonar el pueblo en la gran diáspora de los años 60-70 se merecen un homenaje. Con mi libro es lo que he intentado. Al pobre Aurelio, el último vecino, el primero.


¿Por qué la despoblación se ha cebado de una manera tan brutal con la provincia de Soria, con una cantidad altísima de pueblos totalmente vacíos?
Porque en Soria pasó de largo la revolución industrial y se hundió con el tiempo el negocio de la lana y, en consecuencia, la ganadería. Faltó visión de futuro de las distintas y sucesivas Administraciones, que condujeron a la situación actual: otra vez, "las dos Españas": la España superpoblada y la España despoblada. ¡Demasiada política caciquil! ¡Demasiados errores en los dos últimos siglos! Y seguimos sin rectificar, como una fatalidad.


¿No cree que aunque no hubiera habido repoblación forestal, estos pueblos de las Tierras Altas se hubieran muerto igual?
Algunos sí, otros, no. Sarnago, con toda seguridad, sobreviviría. La repoblación de pinos -invadiendo la flora natural- motivó o aceleró la despoblación humana. A los pinos no se les ve utilidad -ni sirven para madera ni son resineros- y se cargaron, en gran parte, el ecosistema. A esto último contribuyó también la concentración parcelaria en una tierra quebrada. Y para colmo una plaga de molinos eólicos está acabando con el paisaje original de las sierras, última reserva de pureza ambiental. Un desastre detrás de otro. La emigración del campo a la ciudad era inevitable; pero en las Tierras Altas de Soria el proceso se hizo a lo bestia, sin pies ni cabeza.


¿Viendo el deseo de recuperación que tienen varios pueblos (Sarnago, Acrijos, Armejún, Villarijo y alguno más), no cree que una carretera asfaltada sería una exquisita ayuda de quien sea competencia?
Sí, pero sin abrir grandes brechas de asfalto. Lo ideal es que el Estado hubiera hecho carreteras y llevado el agua a las casas cuando los pueblos estaban habitados. Durante siglos a los pueblos se les exigió mucho y apenas se les dio nada. Ha sido una gran injusticia histórica, difícilmente reparable. Lo menos que podía hacer ahora el Estado es abrir comunicaciones decentes, ayudar a reconstruir los edificios y crear condiciones de habitabilidad. Sería además la inversión más rentable y provechosa.


La primera vez que visité su pueblo se me quedó grabada esta frase: Sarnago - cuanto más te miro más me duele.
Es una pintada en la pared de la escuela, en la plaza, la única pintada que se ve en el pueblo. En gran parte mis "Historias de la Alcarama" son una glosa de esta frase, de este quejido telúrico. Es el contraste entre el paraíso de la infancia y el abandono y la desolación.


¿No cree que haya otra gente que no quiere volver a visitar sus pueblos porque solo les trae malos recuerdos de hambre, miseria y privacidades?
Supongo que sí, que hay gente que el recuerdo le duele demasiado, insoportablemente. Un ex ministro me decía ayer: "Estoy leyendo tu libro y he tenido que parar porque no podía más, me hacía llorar". Pero yo creo que domina la nostalgia de la vuelta al pueblo y de asumir con orgullo el pasado. El alma campesina debe recuperar el orgullo y la dignidad. También eso lo he pretendido en mis "Historias de la Alcarama".


¿Qué opinión le merece lo de Valdelavilla (pueblo de las Tierras Altas que paso de estar abandonado a convertirse en un complejo turístico rural donde todo se realiza en inglés), no puede haber perdido su identidad como pueblo?
A mí me parece bien que se librara a Valdelavilla de la ruina total; pero efectivamente ha perdido aquella identidad. Me temo que es lo que va a pasar en el futuro, más o menos inmediato, con los pueblos que se reconstruyan como segunda vivienda o con los que sobrevivan. La ciudad -con sus costumbres y su forma impersonal de vida-, con su lenguaje y sus expresiones culturales invadirá los pueblos. Ya está pasando. Hasta el pan -debidamente descongelado y que no sabe a pan- llega ya de la ciudad. Entre el campo y la ciudad habrá un "continuum". La civilización rural como tal, con el ciclo de la vida y de la muerte -la siembra, la cosecha, la matanza, la fiesta, el trasnocho...-, la relación del hombre con los animales y con la naturaleza y, sobre todo, las relaciones humanas, está muriendo o ha muerto ya.


¿Por qué a los de Sarnago se les conoce con el apodo de mayorales?
Para la mayoría de los intérpretes, esto hace mención directa a los dueños de los ganados. Yo he repasado muchos documentos antiguos y he comprobado que en Sarnago había un apellido, que parecía dominante: "Mayoral". No sé, pero puede que se debiera a esto lo que dice la Epístola: En Sarnago, los Mayorales, Ajustaban pastores por año, les pagaban por medio y cuando iban a cobrar les achuzaban los perros.


Tiene un proyecto de un nuevo libro, ¿sobre qué temática va a tratar?
Está en manos del editor y saldrá este otoño otro libro mío que se titula "El caballo del cartón". En gran manera es la continuación de éste. Se desarrolla en el mismo escenario, mi "Macondo" particular. Creo que el relato va más allá y más adentro. Los lectores dirán.


Muchas gracias por todo Abel y esperamos con impaciencia su nueva obra y animarle a que siga escribiendo.
Un abrazo rural, Faustino.

6 comentarios :

  1. Mi madre es de Avila y le ha gustado mucho el libro, en algunos capitulos se ha emocionado, le venian muchos recuerdos a la cabeza, ese amor a los abuelos, esos dias en la escuela, el vivir el dia a dia de una manera tan diferente a lo que le toca ver actualmente.
    Felicidades por este libro. Recomendable lectura para todos los amantes del mundo rural.

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  2. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dice Abel, aunque él lo afirma preguntando, ¿nos hemos vuelto locos los seres humanos?. Yo lo confirmo, a mi modesto entender el ser humano ha entrado en una espiral de locura, donde la felicidad pasa a un segundo plano, parece un valor en desuso, donde importa mas el tener que el ser, si no es así no entiendo que la gente no le de importancia a los rincones que tenemos en España, auténticas maravillas, donde la sola contemplación de esos paisajes le hacen a uno sentirse en el paraiso y comprender lo que es la felicidad. Enhorabuena por el libro y la entrevista.

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  3. He leido el libro de Abel y me ha gustado bastante, te transporta a un pasado no tan lejano y te ayuda a pensar en un futuro distinto al que tenemos los que vivimos en la ciudad.

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  4. Quisiera daros la enhorabuena a ambos, a Faustino por el blog, me parece que es buenísimo y al Señor Abel por partida doble, una por el libro de historias de la alcarama que esta muy bien y otra por el premio Espasa que le acaban de conceder. Enhorabuena a ambos.

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  5. Soy Miguel Angel: Solo quería darle las gracias a Abel por haberme hecho disfrutar y emocionarme tanto con "Historias de la Alcarama". Mi familia es de un pueblo de Soria y, aunque vivo en la ciudad,me encanta ir por allí, porque puedo decir que los mejores momentos de mi vida los he vivido en zonas rurales, y me he sentido muy identificado con todas esas emociones que nos ha transmitido. Gracias de nuevo.

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  6. Enrique:
    No conozco a D. Abel Hernández. Sólo puedo decir que estoy terminando un trabajo sobre lo mismo y no me importaría entrar en contacto con él. Podríamos compartir muchas e iguales sensaciones.
    Acabo de leer sus Historias de la Alcarama y su Caballo de cartón.Querido Abel, somos muchos los que aún guardamos en el baúl de nuestro corazón pequeño aquel Caballo de cartón que tuvieron a bien dejarnos aquellos Reyes Magos tanto les gustaban las bellotas y pasas que nosotros les dejábamos en la ventana para que fueran buenos con nosotros. Tú has tenido la suerte de recuperarlo, otros muchos no. Pero todos lo guardamos en la entretela de nuestro corazón.
    Un abrazo, ¡Mayoral!

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