Torre Baró (Huesca)


A 815 metros de altitud en las alturas del valle del Noguera Ribagorzana se sitúa el hermosísimo despoblado de Torre Baró.
Configurado sobre un montículo, ocho viviendas (seis en el núcleo urbano y dos en los alrededores) dieron vida a esta población ribagorzana.
Su trazado urbano se articulaba en torno a una pequeña calle que en sentido ascendente desembocaba en una plaza adonde daban la mayoría de las casas.

Leña de roble y carrasca era lo que utilizaban para la calentar la lumbre de los hogares y así combatir el rigor del invierno.

"Las noches invernales eran muy frías aquí. A la hora de dormir nos echábamos encima varías mantas de las buenas, de las que se fabricaban en Pont de Suert, pero ni con esas, costaba mucho entrar en calor". JOSEP BUIXADÈ.

Sus tierras estaban sembradas de cereal (trigo, cebada y avena).
Iban a moler el grano a la harinera de Puente de Montañana. Allí les daban el equivalente en panes una vez que ya se dejó de hacer pan en el horno del pueblo.
Cada casa tenía viñas y olivos.
Había una prensa portátil para todo el pueblo con la cual elaboraban el vino.
La ganadería quedaba en un plano secundario. Solo dos casas, Adrià y Ramón de la Aldea tenían rebaño de ovejas.
Se acostumbraba a matar dos cerdos al año en cada casa.
Carniceros de Benabarre y Arén venían a comprar los lechones.
Conejos y perdices era lo que se cazaba en la zona de monte.
Se hacía una lifara (merienda) para todo el pueblo cuando alguien cazaba un conejo.

"Mi padre cazaba conejos y los vendía en el Puente de Montañana y con ello compraba botes de leche condensada para alimentarme a mí cuando yo era pequeño". JOSEP BUIXADÈ.

Bajaban a Puente de Montañana para realizar compras de manera periódica.
La dieta alimenticia tenía poca variedad, se consumía mucha verdura, patata y carne de cerdo.
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El cura subía desde Puente de Montañana a oficiar los actos religiosos. Para la misa dominical venía una vez al mes o cada tres semanas dependiendo de las circunstancias.
Mosén Josép Camps estuvo realizando dicho cometido durante varios años. Se desplazaba a pie desde el Puente.
El médico subía también desde Puente de Montañana cuando tenía que visitar algún enfermo. Se desplazaba en un dos caballos para lo cual los vecinos tuvieron que hacer una rudimentaria pista a golpe de pico y pala.
Ramón Peris era el cartero, subía desde Puente de Montañana a repartir la correspondencia. Solía hacer el desplazamiento andando o en bicicleta.
Venían dos hermanos de Castigaleu que eran herreros para herrar las caballerías.
Acudía periódicamente un vendedor ambulante de Puente de Montañana vendiendo ropa.

No había escuela en Torre Baró por lo cual los niños en edad escolar tenían que asistir a la de Chiró.

"Alrededor de ocho o diez niños íbamos desde aquí, de Chiró iban una decena aproximadamente, así que nos juntábamos casi una veintena en la escuela.
Tardábamos una hora en llegar. Nos llevábamos la comida y comíamos en la escuela. Por la tarde vuelta para el pueblo. Sí hacía tormenta o llovía mucho nuestros padres nos bajaban a buscar al barranco, a mitad de camino.
La maestra que yo recuerdo de aquellos años era doña Luisa Braña Rodríguez, natural de Pontevedra". JOSEP BUIXADÈ.


Celebraban las fiestas patronales el tercer domingo de septiembre en honor a su patrona: la Virgen de Valdeflores.
Tenían una duración de dos días.
El primer día, después de la cena se hacía una ronda con el músico por las casas.
Se hacía el baile en la plaza amenizado por el acordeón de Ramiro Lampurdanés que venía desde el pueblo de Alsamora en el Pallars Jussà de Lleida.
Había que bajar a buscarle con una caballería al Puente y luego volverle a llevar.
Si hacía mal tiempo el baile se realizaba en el salón de casa Adrià.
El baile se hacía después de misa y luego por la tarde- noche.
Se mataba un cordero o un pollo en cada casa para agasajar a todos los invitados. De postre no faltaban unos suculentos flanes.
Acudía la juventud de Puente de Montañana, de Almunia de San Lorenzo, de Viacamp, de Litera....

"Cuando acabamos la escuela, yo tenía catorce años y me puse a trabajar. Estuve yendo durante tres años a plantar pinos a los montes de Chiró. Íbamos cinco o seis del pueblo. Ganábamos cuarenta pesetas diarias". JOSEP BUIXADÈ.

La búsqueda de un mejor futuro y una mayor comodidad de vida unido a la falta de servicios básicos fue lo que hizo que las gentes de Torre Baró se tomaran muy en serio la opción de emigrar.
Adrià, Baró y Gabarrella fueron los primeros en marchar. Con un intervalo de diez años lo hicieron las tres restantes: Mestre, Julio y Manelet.
Estas tres casas vieron como el progreso llegaba a cuenta gotas y así tuvieron nevera de gas butano.
Las trajeron desde Barcelona hasta Puente de Montañana y de allí a Torre Baró en tractor.
Incluso llegaron a gozar de la televisión en alguna casa (Mestre).

"Le tocó a mi padre una televisión en la feria de Binéfar pero como no teníamos luz les dijo que si se la podían cambiar por una que tuviera baterías de butano". JOSEP BUIXADÈ.

Se dio la cruel paradoja de que la luz eléctrica llegó a Torre Baró cuando ya no había nadie viviendo en el pueblo. Se instaló porque ya estaba proyectada desde años antes y costó ochocientas mil pesetas a las tres familias que vivieron en los últimos años en el pueblo.
Las gentes ya tenían pensado emigrar y ni siquiera la llegada de este gran invento que era la luz eléctrica en las casas les hizo cambiar de opinión.
Benabarre, Lleida y algún pueblo del contorno fueron los lugares elegidos para iniciar una nueva etapa en sus vidas.
En 1985 se puso punto final al ciclo de vida en Torre Baró cuando el matrimonio formado por Julio y Ramona después de llevar dos años viviendo en soledad cerraron la puerta de casa Julio y se marcharon a Barcelona.

Informante: Josep Buixadè de casa Mestre.

Visita realizada en mayo de 2018.

PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.

Punto y aparte. Yo fui uno de tantos que en los años 90 hice intención de visitar Torre Baró y me quedé sin ver el pueblo.
Fue algo que nos pasó a varias personas debido a la falta de señalización sobre la manera de llegar al pueblo. Si bien en la carretera general si hay indicador con el nombre del pueblo, una vez que coges el camino todo recto te lleva hasta una granja.
La clave estaba en que a mitad de trayecto había que coger una nueva desviación a la derecha que ya sin perdida te llevaba hasta el pueblo. Aquí faltó una segunda señalización para encauzarte de manera correcta hasta el lugar pero ya era mucho pedir.
Pero en aquel entonces cogías la pista toda para adelante creyendo que ibas a encontrarte con Torre Baró y te dabas de bruces con una granja con todo el recinto vallado y sin nadie a quien preguntar.
No había internet, no había libros, no había nadie a quien preguntar así que te encontrabas un poco descolocado pensando que Torre Baró en realidad se había convertido en una granja algo que no era así ni mucho menos.
Es una tarde primaveral del mes de mayo cuando voy a visitar el despoblado que no pude ver veinte años antes. Ya no hay perdida ninguna aunque la señalización sigue igual pero las vías de información son muchas y ya no es posible un segundo "tropiezo".
Cuando ya cojo el segundo desvío que me lleva hasta mi objetivo en seguida diviso una solitaria vivienda a un lado del camino con todas sus construcciones auxiliares. Es Ramón de la Aldea.
Sigo para adelante y un pilaret sin santo alguno en su hornacina me da la bienvenida junto al camino. Ya queda poco, las eras y las edificaciones destinadas a pajares así me lo confirman.
Cojo el breve camino que tras un ligero descenso me llevará hasta este insólito despoblado.
Cuando aparece ante mis ojos (y a pesar de que ya había visto imágenes en otras publicaciones) me quedo ensimismado viendo tanta belleza.
Un caserío agrupado de manera compacta sobre un pequeño altozano. Unas vistas inconmensurables con toda la cadena montañosa de los Pirineos detrás.
Una gozada, para deleitarse con la panorámica.
Voy descendiendo y llego junto a sus muros, lo primero la iglesia, ahogada por la vegetación circundante. En su interior, todo bien sin haber nada en especial. El tejado aguanta por lo que ello conlleva que las distintas estancias interiores se muestren en relativo buen estado.
Salgo del templo y me dirijo hacia las casas. Voluminosas viviendas. La belleza empieza a hacer acto de presencia desde el primer momento.
Muchos detalles confirman que el pueblo se quedó vacío más recientemente de lo que lo hicieron la gran mayoría.
Cajetines y cableado de la luz en las fachadas de algunas casas, tejados de uralita, ladrillo en las paredes... pero no pudo ser.
Me adentro en su entramado urbano, las casas se alinean a un lado de la calle y desemboco en lo que en su día fue la plaza. Muy desfigurada pero hermosa en su agonía y decadencia. El horno en el centro, todavía visible la boca donde antaño cocieron el pan las gentes del lugar.
Dos gigantescas casonas se quedan en el costado derecho, impresionan por su volumen y por su relativo buen estado al exterior.
Voy metiéndome por todos los recovecos que puedo, contorneo las casas por detrás. Vuelvo a la plaza. Miro y remiro en busca de detalles, de cosas simples que me llamen la atención. Profusión de balcones en todas las casas.
¡Cuánta vida social en un lugar donde todas las viviendas giraban en torno a una plaza! El contacto sería frecuente. Es de imaginar esas noches de verano sentados todos a la fresca en algún lugar de la plaza comentando el devenir cotidiano y lo que llegaba del "mundo exterior" por las noticias que alguien trajera desde Puente de Montañana.
Me queda por ver la fuente.
Bajo por el camino por el que yo pienso (y según las indicaciones que me habían dado) pero ni rastro de fuente alguna. Busco por todos los sitios y tras varios intentos desisto de ello. A lo mejor he pasado a escasos metros de ella pero no la he podido localizar. Al sol ya le queda poco para esconderse así que dejo la búsqueda de la fuente para otra ocasión (si la hubiera) de que visitara este despoblado y salgo de este bellísimo y desconocido lugar.
Según me voy alejando del pueblo voy girando la vista atrás. Hay contemplaciones que cuesta decirlas adiós y la visión de Torre Baró es una de ellas. Voy caminando hacia delante pero con la cabeza girada para seguir viendo mientras pueda una estampa deliciosa. El sol ya está poniendo punto final a su jornada laboral por hoy.



Casa Ramón de la Aldea. Solitaria vivienda a unos ochocientos metros del pueblo. Era de las más pudientes de Torre Baró. La habitó el matrimonio formado por Ramón e Isabel. Tuvieron dos hijos: Ramón y Elisa. Se marcharon para Lleida.




Pilaret de San Antonio. Situado a doscientos metros del pueblo.




Entrando a Torre Baró.




La iglesia parroquial de Nuestra Señora de Valdeflores.




Arco de acceso al atrio que antecede al templo. El cuerpo de bomberos de Benabarre realizó en Torre Baró un simulacro de catástrofe y por ello apuntaló este arco lo mismo que el posterior que da acceso al recinto de la iglesia. A la izquierda el cementerio.




Interior del templo. Presbiterio. Altar Mayor. Pinturas murales en la pared. Puerta de la sacristía. 




Interior del templo. Capillas laterales. Coro alto, escalera de acceso. Puerta de entrada.




Ábside de la iglesia. Al fondo asoma la voluminosa fachada de casa Adrià.




Casa Mestre será la primera vivienda en salir al paso una vez que dejemos atrás la iglesia. De fondo casa Adrià.




Casa Mestre. Vivió en ella el matrimonio formado por José y Antonia (natural de Castigaleu). Tuvieron dos hijos: Josep y Carmen. En 1983 cerraron la casa y se fueron a Benabarre.




La calle se adentra en las entrañas del pueblo buscando llegar a la plaza. Casa Julio será la siguiente en aparecer.




Casa Julio. Fue la última que se cerró en Torre Baró. La habitó el matrimonio formado por Julio y Ramona. Tuvieron una hija: Lourdes. En 1985 cerraron la casa y se fueron a Barcelona.




Plaza Mayor de Torre Baró.




Horno comunal. Se elaboraba en su interior pan, panadones y tortas. Tejado y chimenea de casa Gabarrella detrás.




Casa Manelet a la derecha. La habitó el matrimonio formado por Martín y Nati. Tuvieron tres hijos: Ramón, Conchita y Antonio. Se fueron a Benabarre. A la izquierda Casa Julio.




Casa Gabarrella. A la derecha había un pequeño molino de aceite que utilizaban los de esta casa y los de Mestre. La habitó el matrimonio formado por Miguel y Nati. Tuvieron dos hijos: Ana Marí y Miguel. Vivían también los abuelos: Benjamin y Dolores. Emigraron a Lleida.




Casas Baró y Adrià en un costado de la plaza.




Casa Baró. Vivió en ella el matrimonio formado por Ramón y Teresa. Tuvieron tres hijos: Ramón, Enrique y Lydia. Se marcharon a Tamarite de Litera.




Casa Adrià. La habitó el matrimonio formado por Modesto y Josefina. Tuvieron dos hijos: Delfín y Marí Carmen. En la casa también vivía Joaquin, hermano del amo de la casa (Modesto). Se fueron a Alfarrás (Lleida).




Fachada sur de casa Adrià. Era la más pudiente y la de mayor volumen de Torre Baró.




Era de trillar. Los colores de la primavera se mezclan con los últimos rayos de sol al atardecer.